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Cultura e Imperialismo – E. W. Said (I)

Javier Jurado

Esta interesante y vasta obra de E. W. Said es unedward_said estudio hasta cierto punto asistemático que gravita, desde diferentes ópticas, en torno a cuestiones clave de la relación entre Imperialismo y Cultura. Extrapolando su anterior trabajo, Orientalismo, al ámbito global de los imperios decimonónicos hasta el presente, su punto de partida es la relación “entre el moderno Occidente metropolitano y sus territorios de ultramar” y las diferentes perspectivas desde la que puede iluminarse esta relación, especialmente por la perspectiva tantas veces ninguneada, ignorada y nacida de la “resistencia contra el imperio”. En tres entradas diferentes me propongo desgranar la obra y espigar las tres líneas fundamentales que creo que la atraviesan:

  1. La cultura como manifestación superestructural de esta relación entre resistencia e imperio.
  2. La ambigüedad del nacionalismo como principio articulador del conflicto.
  3. El problema de la instancia crítica.

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En el enjambre de Byung-Chul Han (I): Capitalismo y sociedad digital

Javier Jurado

Son varias las obras en las que el filósofo de moda, el coreano Byung-Chul Han, ha reflexionado de forma sintética y directa en torno a la sociedad digital. “En el enjambre” vuelve a recoger algunas de estas ideas reiteradas dentro de un tono distópico y crítico. El análisis de Han, deudor en gran medida de Heidegger, advierte con acierto sobre prácticas deshumanizadoras de nuestro tiempo que han ganado en sutileza a favor de un mayor control del sistema. Sin embargo, su propio discurso se sirve, en mi opinión, de un tono acentuadamente apocalíptico y pesimista, útil para ganar otro éxito en ventas, amparado paradójicamente por este mismo sistema.

Desgrano a lo largo de tres entradas los tres principales enfoques con que creo que pueden leerse las aportaciones de Han en esta obra, comenzando por la de la sociedad digital como nueva fase del capitalismo tardío.

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¿Ha matado la ciencia a la filosofía?

Javier Jurado

Hace poco, el diario El País lanzaba un debate titulado “¿Ha matado la ciencia a la filosofía?” en el que tanto Javier Sampedro como Adela Cortina recogían dos artículos breves sosteniendo una postura en defensa de la filosofía, cada uno desde su perspectiva.

El de Cortina abogaba por una cooperación fecunda entre ciencia y filosofía, y comenzaba diciendo:

“La filosofía es un saber que se ha ocupado secularmente de cuestiones radicales, cuyas respuestas se encuentran situadas más allá del ámbito de la experimentación científica. El sentido de la vida y de la muerte, la estructura de la realidad, por qué hablamos de igualdad entre los seres humanos cuando biológicamente somos diferentes, qué razones existen para defender derechos humanos, cómo es posible la libertad, en qué consiste una vida feliz, si es un deber moral respetar a otros aunque de ello no se siga ninguna ganancia individual o grupal, qué es lo justo y no sólo lo conveniente.”

¿Es este reducto suficiente para la supervivencia de la filosofía? ¿Podemos afirmar que la ciencia no está preocupantemente para la filosofía arañando también estos espacios? Lanzo el guante desde la posibilidad de un reduccionismo científico en búsqueda de argumentos potentes que lo rechacen.

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A propósito de “¿Dónde está la gran filosofía?”

Javier Jurado

Hace un par de años, Javier Gomá se preguntaba ¿Dónde  está la gran filosofía? en un artículo de lectura muy recomendable. Tres interrogantes sobre él:

1. Si es cierto que “en la abrumadora mayoría de los casos, la gran filosofía, pensadora del ideal en cuanto al contenido, suele ir aparejada a un gran estilo en cuanto a la forma“, ¿no será cómplice de su ausencia el barroquismo académico? ¿no será que la filosofía ha traicionado esa voluntad de mediodía que decía Ortega que estimulaba al filósofo auténtico, esa claridad y sencillez en el lenguaje, inmune a la acusación de simpleza y casi siempre merecedora de la de elegancia? ¿no será que por el afán de la innovación, por decir algo nuevo que no esté dicho ya, el filósofo se rodea con demasiada frecuencia de un halo de oscuridad lingüística para nutrir las apariencias?

2. Si es cierto que “la filosofía contemporánea ha desertado de su misión de proponer un ideal a la sociedad de su tiempo“, ¿no será porque sufre un cierto ninguneo como escarmiento por que algunos de sus filósofos auparan extremismos y totalitarismos en el pasado, aunque fueran utilizados sólo como coartada? ¿No será que muchos se llenaron la boca de grandes promesas filosóficas que nunca llegaron, y que han minado su credibilidad? ¿o será porque la filosofía se ha visto vencida por un sistema hedonista y de consumo tecnificado que anestesia toda conciencia crítica y la arrincona, haciendo de todo intento de ideal una necesaria ideología en la época del ocaso de las mismas? ¿será, quizá, porque la filosofía no atiende a la maximización inmediata del beneficio en el constante proceso de optimización de nuestro tiempo disponible? ¿o será por una mezcla de todas estas cosas?

3. Si es verdad que “En ausencia de gran filosofía, lo que con el nombre de filosofía encontramos en estos últimos treinta años se compone de una variedad de formas menores”, ¿añora Gomá un retorno imposible de los grandes relatos, pues la postmodernidad ha apuntalado – entre tanta deconstrucción – un punto de no retorno? ¿o vivimos un tiempo de valle filosófico, como sucediera en tiempos del helenismo, a la espera del retorno de un nuevo discurso sobre la ultramodernidad como requiere J. A. Marina, como si a veces fuera necesario dar un paso atrás para tomar carrerilla?