Cultura e Imperialismo – E. W. Said (I)

Javier Jurado

Esta interesante y vasta obra de E. W. Said es unedward_said estudio hasta cierto punto asistemático que gravita, desde diferentes ópticas, en torno a cuestiones clave de la relación entre Imperialismo y Cultura. Extrapolando su anterior trabajo, Orientalismo, al ámbito global de los imperios decimonónicos hasta el presente, su punto de partida es la relación “entre el moderno Occidente metropolitano y sus territorios de ultramar” y las diferentes perspectivas desde la que puede iluminarse esta relación, especialmente por la perspectiva tantas veces ninguneada, ignorada y nacida de la “resistencia contra el imperio”. En tres entradas diferentes me propongo desgranar la obra y espigar las tres líneas fundamentales que creo que la atraviesan:

  1. La cultura como manifestación superestructural de esta relación entre resistencia e imperio.
  2. La ambigüedad del nacionalismo como principio articulador del conflicto.
  3. El problema de la instancia crítica.

Cultura veladora y relativismo

El análisis crítico de Said se centra en una amplia noción de cultura en el seno de los imperios de los siglos XIX y XX, con la novela como paradigma central, que modela “actitudes, referencias y experiencias imperiales”. De este modo “la novela decimonónica europea es una forma cultural que consolida, pero también refina y articula, el statu quo” conveniente al imperio. Es la cultura para Said la clave desde la que tomar perspectiva de esta realidad, un “campo extraordinariamente variado de intereses”: pues es la misma cultura que vertebra y afianza el imperio la que después será punto de apoyo emancipador en el proceso descolonizador, y es ella la que impide que el arraigo nacionalista sea capaz de reconocer en lo mejor de su cultura una sombra que ha invisibilizado sus propias atrocidades. Porque Said advierte que “deberíamos recordar que cuando se pertenece al lado más poderoso del encuentro colonial e imperial, es bastante fácil no tomar en cuenta, olvidar o despreciar los aspectos más desagradables de lo que pasa “allá lejos” […] porque esas técnicas [prácticas culturales] disuelven y anestesian la conciencia metropolitana.” La cultura así refuerza y encubre.

Puede apreciarse en la novela del XIX que asume acríticamente “la legitimidad de las propiedades de ultramar […como] extensión natural de la calma, la disciplina y las bellezas de […] una propiedad central que legaliza así el papel económico del orden periférico que la sostiene.” La novela también “al confirmar y enfatizar en su conclusión una jerarquía subyacente de familia, propiedad y nación, imparte a esa misma jerarquía un fuerte sentimiento escénico de espacio compartido” y en cualquier caso evidencia, por su propia autorización tautológica, que escribe el que puede hacerlo y por tanto que “el mecanismo mismo de la representación es responsable de mantener subordinado al subordinado e inferior al inferior.” La heteronomía propia del imperialismo sobre las colonias se naturaliza a través del escenario de muchas obras culturales, apelando a su conveniencia e incluso a su necesidad para el bienestar y la paz.

Al asomarse incluso al siglo XX, Said reconoce que si bien el colonialismo, como asentamiento en tierra extraña pero dominada, “está ampliamente reprimido […] el imperialismo persiste” en diversas formas, entre otras, la cultural. Así, la importancia de la aportación cultural al imperialismo es tal que, entre otros factores, ha explicado el sorprendente equilibrio de fuerzas en típicas situaciones tan tremendamente asimétricas de unos pocos colonizadores armados pero alejados de sus metrópolis y un numerosísimo grupo de nativos subyugados: su educada actitud contribuía al sostenimiento del propio imperio, haciendo por ejemplo que la gran novela realista europea lograra “el casi imperceptible reforzamiento del consenso de sus sociedades en torno a la expansión de ultramar”.

Said no encuentra una relación causal entre las formas culturales y el imperialismo – “no hicieron que la gente saliese a conquistar imperios” –, pero sí ciertamente vincula a ambos desde una interesante doble aproximación: Said se encuentra en la tensión entre reconocer la influencia de las estructuras materiales en el fundamento superestructural del imperialismo – desde una perspectiva del materialismo histórico no determinista – y reconocer la influencia de la cultura que como auténtica “estructura de sentimiento” realimenta, consolida, e incluso dirige al imperio – más al estilo weberiano.

alovejoy2Gustando de esta tensión dialéctica y con pretensión de equilibrio aristotélico, Said también conjuga otra doble perspectiva: respetando cierta intencionalidad subjetiva y la historia personal de cada autor, les exime hasta cierto punto de la negatividad que supone el imperialismo inherente a sus obras al considerar éstas como expresiones de un movimiento más complejo y estructural: su análisis así profundiza en la psicología inconsciente de los autores e incluso en su ubicación dentro de un contexto mayor, con ciertos reconocimientos al estructuralismo, a la Historia de las Ideas de A. O. Lovejoy o a la Historia de las Mentalidades de la escuela de Annales, rompiendo con cualquier tipo de positivismo facilón en el análisis de la cultura, especialmente, en el análisis literario.

Así pues, el análisis de Said atiende a “la visión ideológica sostenida y hecha efectiva no sólo a través de la dominación directa y la fuerza física sino, de manera mucho más eficiente y durante largo tiempo, por “medios persuasivos”” en el ámbito más cotidiano e inadvertido. El repaso de Said aborda la obra de autores en épocas imperiales como Conrad, Austen, Verdi, Kipling, Dickens, Flaubert, Camus… tratando de visibilizar estas estructuras subyacentes. En ellas evidencia frecuentes prejuicios y estereotipos sobre la forma de ser los pueblos en dichos territorios – primitivos, bárbaros y holgazanes –, comenzando por desmitificar la obra de Alatas sobre el famoso mito del nativo holgazán.

Said es tan incisivo en su crítica como para que ni siquiera autores como Conrad y su Nostromo antiimperialista escapen de sus acusaciones de paradójica complicidad con el imperialismo, incardinado como se encuentra en el seno de una cultura imperial de la que no pueden sustraerse, con la asunción de la aparentemente benévola pero paternalista “mission civilizatrice”. Pues, a pesar de su abierta postura crítica con el imperio, su obra “formaba parte del esfuerzo europeo por abarcar África, para pensarla, para hacer planes sobre ella. Representarla era entrar en la batalla por ella”. Pero si Conrad, como tantos otros, una vez al descubierto, podía ser exonerado dentro de su contexto, no pueden serlo, para Said, los autores actuales, testigos de un mundo postcolonial transformado que exige extender el análisis a la relación entre imperio y cultura.

Ajeno a un determinismo histórico, Said concede que los autores que construyen estos relatos pertenezcan inexorablemente a la historia de sus sociedades siendo modelados por ella y modelándola a su vez.  Y ése es uno de los principales intereses de esta obra de Said: que ilumina el fenómeno que, como decía C. Geertz se encuentra a nuestras puertas, acaso el tema de nuestro tiempo que diría Ortega y Gasset: el encuentro entre culturas. Un encuentro que navega no sin dificultad en el seno del relativismo cultural, aquel en el que “los europeos y norteamericanos metropolitanos […] se enfrentan con vastas poblaciones no europeas en su propio medio y con un impresionante desfile de nuevas y potentes voces, que exigen que sus relatos sean escuchados.” Superado el “principio de confinamiento” necesario antaño para asegurar la gobernabilidad, el encuentro multicultural es hoy una de las situaciones, con sus antítesis y posibilidades de hibridación, tozudamente más relevante – si no el más – de la gobernabilidad y la redefinición del concepto de ciudadanía. Aunque el pensiero debole de Vattimo cunda en nuestra postmodernidad, los grandes relatos de la emancipación ilustrada son “un problema en absoluto agotado” para Said y muestran sus aristas en el seno de este encuentro.

white-mans-burdenPara responder a esta situación imbricada de la relación entre imperialismo y cultura, la propia trayectoria de Said motiva el acercamiento en esta obra a los sistemáticos y paradigmáticos imperios inglés, francés y norteamericano, en cuyas metrópolis ha vivido, sin abandonar su origen árabe. Desde esta perspectiva que pretende conciliar ambos lados de la “división imperial”, su esperanza algo desesperanzada es la de iluminar y hacer visible el conflicto para superar los errores históricos que las nuevas potencias, como EEUU significativamente tras la guerra fría, pretenden ilusoriamente no volver a cometer. En este sentido, Said considera preciso insistir en el “ocultamiento intelectual” que este nuevo imperio sigue realizando blandiendo una suerte de excepcionalismo que lo distingue de los imperios del pasado, autojustificándose y logrando el gran consenso popular con su misión universal para hacer imperar la Ley – su ley. La aproximación de Said en cualquier caso no articula un burdo rechazo a la cultura occidental a la que por otro lado pertenece, sino que considera que se “trata de adoptar una postura que favorezca la deconstrucción más que la destrucción.”

La crítica de Said para desvelar lo que en la cultura se oculta es especialmente contundente con las incongruencias del Occidente que predica una ética y una política plural, de igualdad, de dignidad, de derechos universales. Desde el enfoque materialista, la idea de cultura [dice citando a Arnold] “fue designada para elevar la práctica al nivel de la teoría”, es decir, hacer de la praxis, norma, del Sein, el Sollen. Y este fenómeno se ha producido en los imperios decimonónicos y en el más reciente imperialismo norteamericano, cuyo excepcionalismo se ha vertebrado como un auténtico imperialismo cultural a través de la revolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones que domina como nueva arma al servicio del imperio. Entre estos errores, Said incluye el sorprendente y decepcionante seguidismo nacionalista de “intelectuales, artistas o periodistas, cuyas posiciones en sus propios países son progresistas y llenas de sentimientos admirables, pero se convierten en lo opuesto cuando atañen a lo que en su propio nombre se lleva a cabo fuera de sus fronteras.”

Todas las disensiones fruto de la pluralidad que desde la incipiente democracia occidental del XIX se han ido albergando en la sociedades de Occidente han sido sin embargo incapaces de abrir brecha y analizar con sinceridad aquellas “estructuras de actitud y referencia” que construye el imperialismo. Y esto, hasta el punto de que “ciertos sectores de las culturas metropolitanas que desde entonces se han convertido en la vanguardia de la protesta social de nuestra época, fuesen miembros satisfechos del consenso imperialista. Con pocas excepciones, tanto las mujeres como el movimiento obrero fueron proimperialistas.” ¿Qué es lo que permite esconder o velar estas incongruencias? ¿Qué fenómeno permite encontrar legitimidades en el fuero interno de los herederos de la ilustrada universalidad de derechos para consentirse estas veleidades? La ambigüedad del nacionalismo que apela al sentimiento antes que a la razón es clave. Lo veremos en la siguiente entrada.

Puntos de apoyo

E. W. Said, Cultura e imperialismo

5 pensamientos en “Cultura e Imperialismo – E. W. Said (I)

  1. Pingback: Cultura e Imperialismo – E. W. Said (III) | La galería de los perplejos

  2. Pingback: Cultura e Imperialismo – E. W. Said (II) | La galería de los perplejos

  3. Pingback: Cultura e Imperialismo – E. W. Said (III) | La galería de los perplejos

  4. Pingback: Cultura e Imperialismo – E. W. Said (II) | Arjaiblog

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s