Archivo de la etiqueta: Habermas

En el enjambre de Byung-Chul Han (I): Capitalismo y sociedad digital

Javier Jurado

Son varias las obras en las que el filósofo de moda, el coreano Byung-Chul Han, ha reflexionado de forma sintética y directa en torno a la sociedad digital. «En el enjambre» vuelve a recoger algunas de estas ideas reiteradas dentro de un tono distópico y crítico. El análisis de Han, deudor en gran medida de Heidegger, advierte con acierto sobre prácticas deshumanizadoras de nuestro tiempo que han ganado en sutileza a favor de un mayor control del sistema. Sin embargo, su propio discurso se sirve, en mi opinión, de un tono acentuadamente apocalíptico y pesimista, útil para ganar otro éxito en ventas, amparado paradójicamente por este mismo sistema.

Desgrano a lo largo de tres entradas los tres principales enfoques con que creo que pueden leerse las aportaciones de Han en esta obra, comenzando por la de la sociedad digital como nueva fase del capitalismo tardío.

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Kant cogió su fusil

Jesús M. Morote

Transcurridas unas semanas desde los atentados de París, se oyen por todas partes tambores de guerra. Francia envía el portaaviones «Charles de Gaulle» a las costas de Siria. El Reino Unido aprueba también el envío de tropas a ese país. Se habla de una nueva Guerra Mundial. Hasta los filósofos pueden tener algo que decir en medio de esta vorágine.

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La persistencia del eje político izquierda-derecha (4/4)

Javier Jurado

A lo largo de tres entradas, hemos ido contemplando cómo puede rastrearse en la historia política y social humana un juego de equilibrios entre la tendencia a la competición y al dominio (TCyD) y la tendencia a la protección y a la conservación (TPyC) propio de las especies biológicas, que hemos llamado equilibrio Dobzhansky.

En la primera, hemos podido detectarlos en las sociedades primitivas y de la antigüedad. En la segunda, los hemos identificado en la irrupción de la Modernidad, su transformación en el enfrentamiento liberal con el Antiguo Régimen, y los movimientos obreros del siglo XIX, configurando la concepción heredada del eje político izquierda-derecha. En la tercera, hemos visto su evolución atravesando el convulso siglo XX de la revolución rusa, las guerras mundiales y la guerra fría hasta la caída del Muro de Berlín.

En esta última entrada, tras la caída del muro y la llegada de la Globalización analizaremos cómo el eje izquierda-derecha actual sigue nutriéndose de equilibrios de este tipo, permeando nuestros esquemas conceptuales a la hora de interpretar nuestra realidad política y resistiéndose, con toda esta trayectoria, a abandonar su vigencia.

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La persistencia del eje político izquierda-derecha (3/4)

Javier Jurado

En dos entradas anteriores, hemos ido empleando la noción de equilibrio Dobzhansky para interpretar, aunque sea de forma general, la evolución de las organizaciones políticas y sobre todo las formulaciones ideológicas que las han legitimado a lo largo de la historia. En la primera entrada introdujimos el concepto de este equilibrio biológico entre la tendencia a la competición y al dominio (TCyD) y la tendencia a la protección y a la conservación (TPyC), y lo aplicamos a las primeras sociedades humanas y de la antigüedad. En la segunda entrada analizamos su evolución con la llegada de la Modernidad, el significativo hito de la Revolución francesa, la primera definición del eje político izquierda-derecha y su transformación a lo largo del siglo XIX hasta configurar la concepción heredada de dicho eje.

Este persistente esquema conceptual desde el que interpretamos todavía hoy la realidad política atravesó el convulso siglo XX. Y lo hizo sacudiéndolo con diversas formulaciones ideológicas interpretables en términos del equilibrio Dobzhansky, como vamos a comprobar en esta entrada que alcanza hasta la caída del Muro de Berlín en 1989.

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La persistencia del eje político izquierda-derecha (2/4)

Javier Jurado

El eje político izquierda-derecha se resiste a abandonar el ascendiente que tiene en la comprensión de las ideologías políticas, incluso en nuestros días donde desde tantos frentes se habla sin demasiado éxito de su superación. De los muchos enfoques posibles, esto puede analizarse con una mirada naturalista que ya comenzamos en una entrada anterior donde bautizamos como equilibrio Dobzhansky a aquél establecido entre la llamada Tendencia a la Competición y al Dominio (TCyD) y la Tendencia a la Protección y a la Conservación (TPyC). Este esquema del mundo biológico podría servir para interpretar el mundo cultural del comportamiento humano, en particular en su dimensión política, y sobre todo en su formulación ideológica.

En esa primera entrada analizamos de forma enormemente sucinta la presencia de este equilibrio en las primeras sociedades humanas y de la antigüedad. En esta segunda, alcanzamos el período de la Modernidad iniciado en el Renacimiento cuando el equilibrio Dobzhasky existente hasta entonces comenzó a verse alterado: nos asomaremos a la primera versión de la dicotomía izquierda-derecha que, como suele admitirse, aconteció en la época de la Revolución Francesa. A partir de aquí, los acontecimientos se aceleraron en el siglo XIX con la aparición de nuevos equilibrios Dobzhansky configurando la concepción heredada de este eje político.

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Artículo de Habermas sobre la situación en la Unión Europea

Jürgen Habermas ha dado a conocer su opinión sobre la situación de las relaciones entre Grecia y la Unión Monetaria Europea.

Abrimos este hilo para que quienes lo deseen expongan su criterio sobre el artículo del que quizá es el filósofo vivo de mayor prestigio y sobre los importantes acontecimientos políticos que se están desarrollando hoy en día en las sociedades europeas.

Despierta de Ismael Serrano: Una lectura filosófica

Javier Jurado

En estos tiempos postmodernos, filosofía y poesía van unidas de la mano en su capacidad para evocar sentimientos, estimular proyectos, invitar a la reflexión, movilizar a la acción,… y para despertar a una realidad inadvertida. La poesía desempeña un rol indudablemente más estético, y juega con metáforas e imágenes menos pendiente de la rigurosidad de su discurso. La filosofía, por su parte, es heredera de la pretensión de verdad que la alumbró, y que aún le obliga a cumplir con ciertas formas de racionalidad, guardando cierta coherencia interna. Pero ambas echan mano la una de la otra para alumbrarnos, aunque sea desde cierta ambigüedad, pues incluso en esta época postmetafísica sigue siendo cierto que, como decía hace poco Antonio Lucas, narrar es la forma más primitiva de alumbrarnos después del fuego.

En las letras de sus canciones, el cantautor Ismael Serrano bebe, indudablemente, de una constelación de fuentes literarias y filosóficas que se distribuyen en torno a la que Habermas llamó izquierda hegeliana. Y son muchas las canciones de su repertorio en las que poesía y filosofía – anudadas por la estética de la música – caminan de la mano, intercalando entre imágenes y figuras literarias, ideas de arraigada tradición. Pero he querido, en esta ocasión, extraer este maridaje a propósito de la canción Despierta, que el madrileño, vallecano para más señas, publicó en su disco Todo empieza y todo acaba en ti. Sin duda la interpretación que aquí ofrezco es subjetiva. Así que discúlpeseme si introduzco lecturas que no estaban en el original, y obvio otras que sí lo estaban. Éstas son las que fundamentalmente yo obtuve.

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La actualidad de «Ciencia y técnica como ideología» de J. Habermas

Javier Jurado

Ha pasado casi medio siglo desde que J. Habermas escribiera «Ciencia y técnica como ideología«. Era 1968, y el ruido de los movimientos estudiantiles de aquellos años convulsos acompañaba la gestación de esta breve pero potente obra. Sin embargo, a pesar de este medio siglo, hoy, en medio del ruido de los llamados movimientos sociales, este texto retiene gran parte de fuerza ante el discurso de la inevitabilidad de las supuestamente neutrales medidas técnicas en política y economía. Ciencia y técnica como ideología al servicio del poder se sostuvieron sólo mientras “el programa sustitutorio de las compensaciones sociales” típico del Estado del bienestar fue capaz de comprar la paz social. Si en Mayo del 68 los estudiantes pedían otra cosa, hoy contemplamos la resistencia de quienes se enfrentan a los que cuestionan la viabilidad del Estado del bienestar, prolongando esa misma conciencia tecnocrática.

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¿Ha matado la ciencia a la filosofía?

Javier Jurado

Hace poco, el diario El País lanzaba un debate titulado «¿Ha matado la ciencia a la filosofía?» en el que tanto Javier Sampedro como Adela Cortina recogían dos artículos breves sosteniendo una postura en defensa de la filosofía, cada uno desde su perspectiva.

El de Cortina abogaba por una cooperación fecunda entre ciencia y filosofía, y comenzaba diciendo:

“La filosofía es un saber que se ha ocupado secularmente de cuestiones radicales, cuyas respuestas se encuentran situadas más allá del ámbito de la experimentación científica. El sentido de la vida y de la muerte, la estructura de la realidad, por qué hablamos de igualdad entre los seres humanos cuando biológicamente somos diferentes, qué razones existen para defender derechos humanos, cómo es posible la libertad, en qué consiste una vida feliz, si es un deber moral respetar a otros aunque de ello no se siga ninguna ganancia individual o grupal, qué es lo justo y no sólo lo conveniente.”

¿Es este reducto suficiente para la supervivencia de la filosofía? ¿Podemos afirmar que la ciencia no está preocupantemente para la filosofía arañando también estos espacios? Lanzo el guante desde la posibilidad de un reduccionismo científico en búsqueda de argumentos potentes que lo rechacen.

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A propósito de «¿Dónde está la gran filosofía?»

Javier Jurado

Hace un par de años, Javier Gomá se preguntaba ¿Dónde  está la gran filosofía? en un artículo de lectura muy recomendable. Tres interrogantes sobre él:

1. Si es cierto que «en la abrumadora mayoría de los casos, la gran filosofía, pensadora del ideal en cuanto al contenido, suele ir aparejada a un gran estilo en cuanto a la forma«, ¿no será cómplice de su ausencia el barroquismo académico? ¿no será que la filosofía ha traicionado esa voluntad de mediodía que decía Ortega que estimulaba al filósofo auténtico, esa claridad y sencillez en el lenguaje, inmune a la acusación de simpleza y casi siempre merecedora de la de elegancia? ¿no será que por el afán de la innovación, por decir algo nuevo que no esté dicho ya, el filósofo se rodea con demasiada frecuencia de un halo de oscuridad lingüística para nutrir las apariencias?

2. Si es cierto que «la filosofía contemporánea ha desertado de su misión de proponer un ideal a la sociedad de su tiempo«, ¿no será porque sufre un cierto ninguneo como escarmiento por que algunos de sus filósofos auparan extremismos y totalitarismos en el pasado, aunque fueran utilizados sólo como coartada? ¿No será que muchos se llenaron la boca de grandes promesas filosóficas que nunca llegaron, y que han minado su credibilidad? ¿o será porque la filosofía se ha visto vencida por un sistema hedonista y de consumo tecnificado que anestesia toda conciencia crítica y la arrincona, haciendo de todo intento de ideal una necesaria ideología en la época del ocaso de las mismas? ¿será, quizá, porque la filosofía no atiende a la maximización inmediata del beneficio en el constante proceso de optimización de nuestro tiempo disponible? ¿o será por una mezcla de todas estas cosas?

3. Si es verdad que «En ausencia de gran filosofía, lo que con el nombre de filosofía encontramos en estos últimos treinta años se compone de una variedad de formas menores», ¿añora Gomá un retorno imposible de los grandes relatos, pues la postmodernidad ha apuntalado – entre tanta deconstrucción – un punto de no retorno? ¿o vivimos un tiempo de valle filosófico, como sucediera en tiempos del helenismo, a la espera del retorno de un nuevo discurso sobre la ultramodernidad como requiere J. A. Marina, como si a veces fuera necesario dar un paso atrás para tomar carrerilla?