El Coronavirus y la necesidad de una “Polidicea”

Jesús M. Morote

Leibniz sintió la necesidad de escribir una Teodicea, término que acuñó juntando dos palabras griegas, viniendo a significar “Defensa de Dios”. Afrontó así el problema metafísico del Mal en un Mundo que, como obra de Dios, no parece que debiera dar cabida al mal, al dolor, al sufrimiento. Tras la “muerte de Dios”, la Providencia ha venido a ser sustituida en el imaginario social por el Estado, o, más concretamente en los tiempos contemporáneos, por el Estado del Bienestar. Pero cuando el Estado fracasa y aparecen el mal y el sufrimiento, ¿no parece ser necesaria una “Polidicea” (llamémosla así), una defensa de la Polis, una Defensa del Estado, similar a la que Leibniz creyó necesaria para justificar a Dios, para justificar hoy, a pesar de todo, la existencia de ese Estado providente?

Bérgamo

La justificación del Estado-Providencia

La Teodicea, argumento de descargo de las acusaciones que el hombre suscita contra Dios, puede entenderse, como acabo de decir, como justificación del Mal en el Mundo; y eso, en última instancia, se concreta en argumentar sobre el “sentido de la vida”. Si existen el mal y el sufrimiento en el Mundo eso solo puede estar justificado si ese mal y ese sufrimiento contribuyen como instrumentos, en última instancia, a la realización final del Bien; en el fondo, todo estaría encaminado a alcanzar ese Bien. Ese sería el sentido de la vida, que se dirige, pese a una trayectoria que puede ser tremendamente dolorosa, a la felicidad final. Y esa es la única vía posible de Defensa del Estado: a pesar del dolor inevitable, a la larga el Estado estaría destinado a asegurar la felicidad de los ciudadanos. Y si no una felicidad completa, sí al menos una vida menos infeliz que la que sería posible sin el Estado.

Ciertamente, como cuestión de hecho, el Estado no necesita una justificación. Toda sociedad tiene que tener reglas de convivencia y mecanismos punitivos para obligar a que esas reglas sean cumplidas por todos, pues si no, no podría existir como sociedad. Pero eso no es bastante desde el punto de vista filosófico: eso significaría incurrir en la “falacia naturalista”, es decir, fundar el “deber ser” en el “ser” y no, como exige la reflexión filosófica moral, lo contrario, o sea, fundar el “ser” en el “deber ser”.

Por otro lado, enseguida nos damos cuenta de que una Polidicea tiene que ser necesariamente muy diferente de una Teodicea en aspectos básicos, singularmente en que el hombre no puede cambiar a Dios, que es inmutable por su propia esencia, pero sí puede cambiar al Estado. Por eso, una Polidicea no solo es una justificación del mal en el Mundo y del sentido de la vida, sino que puede ser la piedra angular de una Filosofía Política.

AngelusSi hablamos del Estado moderno, es imprescindible partir de Kant. Para este, la “ley” moral no depende de los fenómenos, o sea, de la vida real y efectiva de los hombres en sociedad, sino de los noúmenos, de la conciencia moral de los hombres en su pureza (la “buena voluntad”), sin contaminar por los intereses y pasiones de los hombres de carne y hueso. De ahí el principio moral del “imperativo categórico”, que sería un universal, pues no surge de los sujetos particulares, sino de un “sujeto trascendental”. Pero al tener el sujeto trascendental solo realidad nouménica, y no fenoménica, la sociedad moralmente perfecta sería irrealizable en nuestras comunidades sociales y políticas existentes o fenoménicas, debiendo postular Kant, para dar algún sentido a la moralidad, la inmortalidad del alma como promesa de hallar después de la muerte lo que en el mundo fenoménico de los vivos nos resulta inalcanzable.

Pero ¿cómo admitir que, en este Mundo, lo auténtico, lo esencial, lo nouménico del hombre, lo superior, por tanto, tenga que claudicar ante lo falso, lo aparente, lo fenoménico, lo inferior? Eso no se puede consentir de ningún modo: debería ser el noúmeno, el sujeto trascendental, quien dirija el proceso fenoménico o aparencial de las formas existentes del sistema político, y no a la inversa. Por eso Hegel decretó la “muerte de Dios” y escribió la Fenomenología del Espíritu, es decir, la explicación de la realidad fenoménica a lo largo de la Historia del sujeto trascendental, colectivo y único, el Geist o Espíritu humano, noúmeno del que los individuos carnales somos meros fenómenos. El sentido de la vida humana, entonces, que justifica la existencia del Estado, no mira al más allá, sino que se configura como un sentido histórico que permite confiar en que no haya que esperar a la muerte para encontrar en el Paraíso de ultratumba la felicidad.

LibertadLa concepción de Marx es tributaria del sujeto trascendental, pero con importantes cambios respecto de la perspectiva de Hegel. En efecto, si nos detenemos en esta última, el Estado sería el garante de la moralidad, pero se trata de una moralidad formal, como la de Kant; es decir, el Estado puede garantizar (con su omnímodo poder coactivo) que las personas van a actuar bien y abstenerse de hacer el mal, pero el Estado no puede decir cuál es el contenido material del actuar bien o del actuar mal. Por eso va a ser quien detenta el poder inmenso del Estado, o sea, el hombre fenoménico que se halla al frente del Estado, quien dirá dónde está el bien y el mal y, como tal hombre fenoménico, no es el sujeto transcendental por lo que se ve enseguida que el gobernante puede fácilmente poner al Estado al servicio de sus intereses fenoménicos, en vez de al servicio de lo que exige el noúmeno humano, el ser moral en su pureza.

¿Cómo garantizar que el Estado va a estar al servicio de la Justicia y no al de la Injusticia? Marx pretendió haber encontrado la solución a ese problema, acogiendo una máxima que parece poder encajar bien en un imperativo categórico de tipo kantiano, es decir con validez universal, pero con un contenido ético material: De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades. (No importa ahora que la máxima no fuera original de Marx.)

El Estado marxista, sin embargo, presenta un flanco débil. En efecto, el “imperativo categórico material” marxista habla de “capacidades” y de “necesidades”; pero si el fundamento último de la moralidad es el sujeto trascendental, el hombre como noúmeno, ¿qué sentido tienen aquí tales referencias marxistas? Ninguno, pues las capacidades y las necesidades no son atributos nouménicos, ni pueden serlo, sino atributos inevitablemente fenoménicos. Es totalmente imposible pensar que un noúmeno tenga necesidades, al igual que solo un hombre-fenómeno puede actuar físicamente sobre otro hombre-fenómeno para ayudarle a satisfacer sus necesidades, cosa que un hombre noúmeno jamás podría hacer, si no es a través de su manifestación fenoménica.

lenin

Lo cual conlleva que el Estado marxista, al igual que el Estado hegeliano, siempre estará regido por hombres-fenómenos y, en consecuencia, puesto al servicio de los intereses particulares de los hombres-fenómenos que lo controlan, y no por un sujeto trascendental o un hombre-noúmeno que utilizara el poder omnímodo del Estado para producir la Utopía del sujeto trascendental en la Tierra. La naturaleza lábil y carnal del hombre no puede ser dejada de lado como pretendía un Marx que quizá pasaba demasiado tiempo en la Biblioteca y muy poco o ninguno en una Fábrica. Por ello parece habérsele escapado que las capacidades de producción de los hombres-fenómenos pueden ser bastante variables no solo entre cada uno de ellos, sino incluso dentro de uno mismo, dependiendo del estímulo que el individuo pueda tener para producir; la motivación en suma. Y si la satisfacción de las necesidades va por su propio rumbo, de manera separada de lo que cada uno produzca, la motivación para producir parece previsible que baje a mínimos. Por todo ello en los países en que se ha gobernado bajo tales principios teóricos el fracaso económico ha sido evidente.

La refundación del Estado ante la epidemia

Una epidemia de por sí, como un desastre natural, que puede ser enormemente doloroso y causar grandísimas dosis de sufrimiento humano (erupciones, huracanes, terremotos), no tiene por qué producir una crisis social como la que el Coronavirus ha desencadenado. De hecho, incluso el propio Coronavirus no parece haber producido en China o en Corea del Sur una convulsión política y social como sí parece estar desencadenando en Occidente, o al menos en los países desarrollados de Occidente.

Una epidemia o una catástrofe deviene una crisis social y política cuando el Estado-Providencia se manifiesta incapaz de dar satisfacción al “sentido de la vida” que el propio Estado dice propugnar. Cuando la ciudadanía, llevada a una situación límite por una epidemia, percibe que el Estado no garantiza la felicidad, sino que, al contrario, intuye que la propia estructura política del actual Estado (entendido no solo como poder político, sino como estructura institucional que regula la vida social y económica) va a arrojar un resultado de mayor miseria, infelicidad y sufrimiento, la sociedad entra en crisis.

Bérgamo

La situación actual en países como España resulta evidente que va a desembocar, siendo en origen una crisis sanitaria, en una crisis financiera. Aventuraré una definición: una crisis financiera es una situación en la que las necesidades de los ciudadanos son muy superiores a las capacidades que tiene la sociedad para atender a dichas necesidades. En términos del postulado marxista: lo que dan de sí las capacidades de producción no bastan para atender el “a cada cual según sus necesidades”. El dogma marxista cree hallar la panacea moral en la escisión del proceso de producción y el proceso de distribución de bienes y servicios. Pero el posible equilibrio entre ambos procesos escindidos, es decir, que lo producido alcance a colmar las necesidades, desaparece en una crisis financiera.

¿Cómo resolver una crisis de esa naturaleza? Si nos movemos, como hasta ahora ocurre en el panorama internacional, en el ámbito de Estados nacionales, pero dentro de una economía global, puede esperarse que algunos países enormemente productivos, como los del Extremo Oriente, provean las necesidades financieras de países poco productivos; o, a nivel más local, ciertos países (Norte y Centroeuropeos) provean de financiación a otros (Sur de Europa). Esa parece haber sido la salida a la crisis financiera de 2007, que se solventó mediante crecimientos espectaculares de países como China, con Balanzas de Pagos comerciales inmensas que generaron una acumulación de capital que pudo ser prestada a los países consumidores y poco productores, mediante compra masiva de deuda pública y privada, financiando así las necesidades de los ciudadanos de estos últimos. Pero ¿puede mantenerse ese sistema financiero mundial a medio y largo plazo? Evidentemente, no. Y parece ser ese el origen de nuestros problemas presentes. Cuando el endeudamiento alcanza determinada magnitud, el prestamista no quiere prestar más dinero, sino que quiere recuperar el que ya prestó.

China parece haberse recuperado bastante pronto de la crisis sanitaria y ha empezado a producir de nuevo a gran ritmo. Ciertamente, también China necesita países que compren sus productos. Pero necesita países solventes, no países en quiebra financiera. Los productores de electrodomésticos, vehículos, aparatos de telefonía e informática, etc. pueden vender a crédito o en cómodos plazos para dar salida a su producción; pero lo que no van a hacer es regalar graciosamente sus productos, porque entonces sale más a cuenta no producirlos.

En mi opinión, algunos países, como España, van a tener que buscar una solución viable a sus problemas financieros, o se encaminan al colapso. La pregunta es: ¿se puede hallar una solución dentro del actual Estado, o habrá que reinventar un nuevo Estado? El actual Estado, me parece evidente, no puede garantizar una solución viable al drama que se cierne sobre nosotros. Un Estado que, ante agobiantes necesidades financieras derivadas de la crisis sanitaria, cierra toda, o casi toda, la actividad productiva del país, es un Estado desnortado y suicida.

¿Y ahora qué? Hasta hace un par de semanas yo solo me representaba dos salidas: o reducir el Estado del Bienestar a un Estado liberal, o virar hacia la antigua receta del comunismo marxista. Esta segunda, vista la experiencia histórica, y también bajo el conocimiento de la naturaleza humana guiada por el interés, no puede dar origen sino a un mayor colapso de la capacidad productiva del país, pues ante crecientes necesidades, la respuesta sería exigir a los productores tensionar más y más su capacidad productiva sin ninguna retribución proporcional al esfuerzo de cada cual, pues ese incremento de la productividad sería inmediatamente absorbido por la atención a necesitados cuya capacidad productiva es escasa o nula, sin recompensa alguna para el que incrementa su sacrificio productivo.

180521 EN EL PACTO DE TOLEDO SE ENCUENTRA LA SOLUCIÓN

El modelo socialdemocráta hasta ahora vigente no es capaz de ofrecer una solución creíble pues, o incurre en flagrantes contradicciones o deriva, consciente o inconscientemente, hacia un modelo comunista marxista. En efecto, hoy mismo, cuando escribo estas líneas (7 de abril de 2020), El diario “El Mundo” publica una entrevista con Josep Borrell, a quien nadie negará una notoria representatividad de la socialdemocracia por haber ocupado cargos de gran relevancia en diferentes Gobiernos socialistas, desde Felipe González a Pedro Sánchez, y actualmente Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores. En dicha entrevista, hay algunas frases destacables porque evidencian la contradicción interna del modelo.

Afirma Borrell que los países del Sur no están pidiendo limosna, sino “una acción solidaria construida desde mecanismos coercitivos“. Curiosa contradicción: ¿Cómo puede ser una acción solidaria y, a la vez, llevada a cabo mediante “mecanismos coercitivos”? La solidaridad y la coerción son totalmente antitéticas y, en consecuencia, la solidaridad del sistema sería completamente ficticia.

En esa contradicción, la visión de futuro que ofrece Borrell consiste en que se “pondrá de relieve el papel del Estado, que aparece no sólo como el prestamista de última instancia; ahora el Estado es el empleador de última instancia, el consumidor de última instancia, el propietario porque habrá inevitablemente que capitalizar empresas con nacionalizaciones, aunque sean transitorias, y el asegurador de última instancia. Aumentará la presencia del Estado. Será de forma permanente“. Es decir, estaríamos encaminados a una incautación por el Estado de los medios de producción, cuyo horizonte temporal no se hace explícito pues, ya sea por el despiste de Borrell, ya sea por su mala fe argumentativa, se trataría de medidas que serían “transitorias” y, a la vez, “de forma permanente“.

Adicionalmente afirma el político socialdemócrata que “dábamos por supuesto que teníamos los recursos para hacer frente a un problema de salud pública. Vemos que no es así. Habrá que crear ‘stocks’ estratégicos y no podemos estar en manos de una globalización que ha distribuido las capacidades de producción de forma muy desequilibrada“. Sin embargo, no se cuestiona qué puede ser lo que ha originado ese desequilibrio en las “capacidades de producción“. En mi opinión, eso no es un fenómeno natural, sino la lógica consecuencia de haber escindido en los Estados del Bienestar occidentales, siguiendo una versión edulcorada del lema marxista, la producción y la distribución de los bienes y servicios, lo que ha redundado, por falta de retribución adecuada a los agentes productivos, en beneficio de la distribución en función de necesidades (reales o ilusorias). Si escuchamos a Borrell parece que China ha sido agraciada en la tómbola del Mundo con una gran capacidad de producción, mientras que países menos afortunados (un sarcasmo que entre ellos se pretenda incluir de tapadillo a países de la Unión Europea pertenecientes a la “sociedad opulenta”, como la llamó Galbraith) han sido perjudicados por una “Naturaleza madrastra” (para decirlo con palabras de Kant).

China

Como vemos, el modelo socialdemócrata no parece una salida transitable para el cambio de sistema político, pues es precisamente el modelo que debería ser cambiado por su fracaso, y habrá que afrontar otras alternativas. El modelo liberal de mercado puede ser una solución a nivel local, experimentada con cierto éxito en países que, a través de dumping fiscal (como Irlanda u Holanda en la Unión Europea) pueden generar suficientes excedentes como para cubrir las necesidades de sus ciudadanos a pesar de exigir a estos escaso esfuerzo contributivo. Pero esos modelos económicos solo pueden subsistir dentro de un ámbito geopolítico amable, que permite acceder de forma libre al mercado de los ciudadanos de países mucho más grandes cuyos Estados corren con el coste financiero que supone subvencionar a grandes masas de consumidores de los bienes y servicios producidos, con cierta deslealtad tributaria, por aquellos pequeños países.

En mi opinión es probable que se acabe imponiendo una tercera vía, ya apuntada en China y en Corea del Sur, y cuya perspectiva se me ha abierto a través de mis distintas lecturas de estos días. Si el Estado quiere justificarse debe ser capaz de proporcionar cierta felicidad a los ciudadanos, porque solo eso justifica la existencia de estos y, a la vez, la del propio Estado. Es el sistema que viene siendo denominado de “crédito social”. Este sistema está apareciendo en el horizonte, y es objeto de numerosas críticas en Occidente. Tendría que ser objeto de un debate en profundidad que excede tanto los límites de este artículo como la información de la que dispongo yo actualmente. A grandes rasgos consistiría en, manteniendo un sistema “nominalmente comunista” (en el sentido de propiedad pública de los medios de producción), introducir sistemas de retribución social para incentivar a quienes contribuyen con su esfuerzo y su capacidad a producir los bienes y servicios (rompiendo así el imperativo categórico marxista, por ser este irrealista); por supuesto, no en términos de acumulación excesiva de propiedad, sino a través de un reconocimiento social y de ventajas estimables. A diferencia del Estado del Bienestar occidental, que solo detrae de unos para repartir a su antojo (al antojo de los gobernantes y al servicio de sus caladeros electorales) a otros, establece un sistema de estímulo productivo. Ciertamente genera desigualdades, pero habilita un sistema de retribución objetiva que supone suficiente estímulo para que el país no se hunda en la pobreza global, muy igualitaria, pero creo que bastante indeseable, existente no hace mucho en los países del Este de Europa y hoy en día en algunos países Iberoamericanos que están en la mente de todos cuando nos referimos al comunismo clásico.

Cubans share a drink and some food while celebrating the 50th anniversary of the Committees for the Defense of the Revolution (CDR) in Old Havana

Puntos de apoyo

 

 

H. Marcuse, Razón y Revolución

A. Badiou, Sobre la situación epidémica

Byung-Chul Han, La emergencia viral y el mundo de mañana

R. Zibechi, A las puertas de un nuevo orden mundial

 

16 pensamientos en “El Coronavirus y la necesidad de una “Polidicea”

  1. Pingback: La crisis del Coronavirus: riesgo y oportunidad (I) | La galería de los perplejos

  2. Herrgoldmundo

    Hola Jesús

    Primero “despacharé” lo más accesorio y menos relevante para el tema que nos ocupa.

    Sí, es como dices. El foro de filosofía UNED fue creado por alumnos de la Asociación Arjaí. Posiblemente todavía me quede cierto resquemor por cómo actuaron los moderadores del foro en su momento. Pero en todas las ocasiones que he sacado el tema a colación ha sido para hacerte ver cómo son los mimbres (ciudadanos españoles) con los que tratamos.

    El proceder de los moderadores del foro, cuando yo intervenía al menos, estuvo marcado, en no pocas ocasiones, por evidentes sesgos ideológicos. Por eso, creí conveniente señalar, a lo largo de nuestro intercambio dialéctico, los evidentes parecidos de la ciudadanía española con la generalidad de usuarios y moderadores del foro de entonces (no sé cómo será ahora).

    Por ejemplo, los moderadores llegaron a amonestarme por relacionarme con otros foreros con excesiva “prepotencia vertical”; me censuraron las “formas”. Por eso te comenté en mi última intervención que no tenías por qué disculparte por tus “formas” secas y directas. Yo no soy un progre ebrio de pensamiento sensible.

    Joder, pero si recuerdo que incluso fui “denunciado” a los moderadores por un sujeto que se vanaglorió, entre risitas burlonas, de haber actuado como la Stasi. Y no porque yo hubiese insultado jamás a nadie, sino por cometer el pecado de debatir con cierta “dureza dialéctica”. Pues en las mismas estamos ahora en España.

    De hecho, algunos usuarios y moderadores de entonces ya actuaban como lo están haciendo ahora Newtral, “Maldito bulo” y hasta el propio gobierno con la ayuda de la Guardia Civil; es decir, ya entonces, censuraron (borraron literalmente) mis comentarios por considerarlos “desafectos” al sentir general de los usuarios. Repito: y jamás insulté a nadie ni mentí. Sin embargo, a mí sí llegaron a llamarme “perro”, sin que nadie, excepto Elías, dijera “ni mu”.

    Lo que he pretendido hacerte ver es que cualquier modelo de Estado articulado desde el sentido común y la razón está abocado al fracaso en esta España nuestra. ¿Por qué?
    Pues porque en España ya hace tiempo que se enterró la razón junto a Montesquieu (como proclamó Alfonso Guerra en su día). En España ha triunfado el pensamiento estético y sensible, el ñoño-progresismo idealista que Gustavo Bueno bautizó como “Pensamiento Alicia”.

    Lo que sucedió en el foro de filosofía, y estaba sucediendo en otros muchos foros (participé en más espacios de debate) fue el preámbulo de lo que estaba por acontecer en España; se estaban haciendo “purgas” y sembrando las semillas ideológicas que, hoy, han germinado con desnuda prepotencia vertical. Sí, porque en realidad, no hay prepotencia más esquizofrénica que la marxista, ni banco más repleto de odio que el comunista (Peter Sloterdijk).

    Estos son nuestros mimbres: nostálgicos del marxismo más trasnochado, paladines defensores de Justicias sociales e igualitarismos imposibles; resentidos aristófobos, “vividores del cuento”…

    Acuérdate de lo que escribo ahora: no habrá ningún modelo teórico de Estado, al menos racional y eficiente, que nos permita sortear la ruina que se nos viene encima. Trump lo ha dicho muy claro: “España ha sido destruida”.
    Todavía no somos conscientes de ser el país del mundo que peor está gestionando la crisis del coronavirus: somos el país con el gobierno más inútil e inepto. Pero, no nos engañemos, el gobierno actual se ha configurado a imagen y semejante del español medio; un individuo-masa capaz de montar un pollo por la muerte del perrito Excálibur, porque el PP era/es un facha malvado. Y esos mismos individuos ahora aplauden desde los balcones, felices y risueños, cuando seguramente ya hayan fallecido más de 30.000 personas, que no perritos.
    Pero ahora sí, ahora sí hay que apoyar y aplaudir a los cínicos, felones e inútiles socialcomunistas que nos conducen hacia el abismo.
    En fin…

    Un saludo

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  3. jesusmmorote Autor de la entrada

    Sin duda que el tránsito de un modelo de Estado a otro no es fácil, y seguramente puede ser doloroso. Pero sin tener claro a dónde nos encaminamos (el nuevo modelo de Estado) no le encuentro mucho sentido ponerse a pensar cómo hay que diseñar el proceso transitorio. Si no sabemos primero a dónde vamos, no es buena cosa ponerse en camino. Eso es lo que pasa en las revoluciones, que la situación llega a tal nivel de crisis que se sale por donde se puede, y sin trayectoria clara, y así terminan luego las cosas. Si no nos organizamos antes colectivamente con una meta clara, si esperamos a encontrarnos ya al borde del abismo, las cosas pueden ir como tú dices. El tránsito puede ser no solo doloroso, sino traumático. No sé si en España queda todavía algo de espíritu de sacrificio. Si no queda, pues el tránsito se va a realizar de todas formas con sacrificio, haya o no espíritu para ello. En nuestras manos está. Yo estoy predispuesto al sacrificio, siempre lo he estado, pero hay dos maneras de sacrificio. Uno puede sacrificarse por sí mismo y también por los demás, pero si no ve ese espíritu de sacrificio en sus conciudadanos, es natural que los sacrificios los haga cada uno por su cuenta e intentando salvarse por sí mismo del naufragio, y al que Dios se la dé, que San Pedro se la bendiga. Ya se verá por donde se decanta la situación y cada uno haremos lo que creamos conveniente, que para eso somos mayorcitos.

    Dejo ahí ya la cuestión, pues mi entrada pretendía solo plantear el modelo de llegada, como digo, paso que considero previo a plantear el modelo de transición.

    Veo que insistes en suscitar el asunto de tus relaciones con el Foro que llamas de la UNED, que supongo referido al Foro Filosofía UNED, de la Asociación Arjaí. Aunque no es materia de la entrada, haré algunos comentarios, más que nada porque veo que guardas cierto resquemor respecto a tu paso por dicho Foro. No lo hago porque me considere personalmente aludido por tus quejas, sino para darte otra perspectiva del asunto y así puedas quizá enterrar tus antiguas querellas y olvidarte de esas escaramuzas del pasado. Lo expongo aquí porque no se me ocurre otro sitio donde pueda hacerlo de forma que sea públicamente conocido.

    El Foro Filosofía UNED lo creamos entre unos pocos alumnos de la Facultad de Filosofía de la UNED, poco más de media docena. En el listado de miembros de dicho blog puedes ver quiénes fuimos, porque somos los primeros miembros del Foro, en orden cronológico. Para dar forma al Foro, optamos por hacerlo de forma colectiva y no que creara el Foro una sola persona; por eso creamos la Asociación Arjaí, inscrita en el Registro de Asociaciones y con personalidad jurídica propia. Con la experiencia con que contábamos, mucho menor desde luego de la que tenemos hoy en día, decidimos que la finalidad de dicho Foro fuera facilitar un punto de encuentro de alumnos de la UNED, para asistencia mutua en nuestros estudios y para debatir sobre el contenido de las asignaturas de dicha carrera en la UNED. Creo que hemos ayudado a mucha gente, con los comentarios allí publicados y el extenso repertorio de trabajos y exámenes a disposición pública de todos en el Foro.

    Uno de los puntos más debatidos entre los fundadores, a la hora de diseñar el Foro y redactar las reglas del mismo, fue el de qué extensión debíamos dar al Foro. Te puedo comentar que personalmente fui contrario a dar cabida a hilos que no se relacionasen con el currículo académico de la carrera. Pero mi opinión fue minoritaria y la mayoría consideró mejor (con buenos motivos, aunque no fueran compartidos por mí) dar entrada también a intervenciones no relacionadas directamente con el mundo académico y de carácter más general, abriendo intervenciones y debates sobre cuestiones no académicas y contenidos no directamente incluidos en las materias de las asignaturas de la carrera. Lo que sí prevaleció fue el criterio de establecer en las reglas la prohibición de intervenciones políticas y no filosóficas (si es que eso se pudiera delimitar con claridad, cosa que es, y así se demostró en la práctica posterior, bastante difícil).

    En los primeros años del Foro yo fui Moderador del mismo; en todo caso nunca hubo un solo Moderador, y al menos había dos que tenían que actuar de acuerdo para limitar excesos. Incluso en asuntos graves (borrar mensajes o partes de los mismos, o expulsar temporal o permanentemente a algún forero) las cuestiones siempre se debatieron entre todos los miembros de la Asociación, cuyo número se fue incrementando desde los orígenes, aunque nunca ha alcanzado un número muy elevado. La función de Moderador es bastante desagradable y llega a generar bastante tensión personal. Por desgracia aparecen periódicamente personas que intervienen de forma agresiva, sectaria, con finalidades ocultas, e incluso (lo que no es el menor de los problemas) de forma que manifiesta graves desequilibrios psíquicos. Así que transcurridos unos años renuncié a ser Moderador, por sentirme agotado, y pasé el testigo a otro compañero.

    Más adelante, al terminar la carrera, en coherencia con mi posición de partida, que no había cambiado, dejé de participar en el Foro y entonces, junto con otros compañeros que también terminaron la carrera por entonces creamos este Blog, para separar la función del Foro (principalmente académica, como digo) de otra importante para el fomento de la Filosofía, que es la finalidad de la Asociación Arjaí, como es ofrecer públicamente entradas con reflexiones personales sobre materias filosóficas ya de vigencia permanente, ya relacionadas con asuntos de actualidad en cada momento: http://www.filosofiauned.es/index.php?option=com_content&view=article&id=3&Itemid=30

    Creo de tu interés estar informado, Herrgoldmundo, que la primera baja que se produjo en la Asociación vino ocasionada precisamente por impedirse que cierto miembro utilizara el Foro, como hacía e intentaba continuar haciendo, para convocar a manifestaciones. Creo recordar que relacionadas con el 15-M, y si no, algo parecido. O sea que la primera baja fue de un miembro de militancia claramente izquierdista y comunistoide. Y varias bajas posteriores de la Asociación o del Foro fueron también por esa pretensión de utilización política de estos espacios públicos, incluso dando origen a la creación de otro Foro por adherentes a la profesora Oñate, conocida activista en favor del podemismo, lo que me costó recibir por varios medios no solo acerbas críticas hacia mi persona sino difamaciones e intentos de desacreditarme públicamente hasta en mi ámbito profesional, e incluso amenazas personales de sanciones académicas o querellas penales fraudulentas. Pero es que esa gente actúa así. Si les llevas la contraria ya va de suyo que van a utilizar ese tipo de herramientas de amenaza y terror. Pero el mundo no está hecho para apocados, y menos para quienes tengan miedo de esa clase de matones de vía estrecha.

    O sea que no tiene mucho fundamento tu queja de haber sido “depurado” del foro por tu antimarxismo, al menos mientras yo participé activamente en el Foro, como fundador y Moderador primero y después miembro de la Asociación titular del mismo. Como después de mi alejamiento del Foro, por las razones dichas, no he participado mucho en el mismo y realmente durante varios años ni siquiera lo he seguido de forma permanente, no sé cuál ha sido exactamente tu peripecia, si esta ocurrió tras mi alejamiento.

    A pesar de que acabé por alejarme incluso de este Blog (habrás visto que llevaba mucho tiempo sin publicar ninguna entrada hasta dos recientes), por dedicarme a otros menesteres, he decidido volver a intervenir, porque hay asuntos realmente graves que se están dilucidando en estos momentos que me parece que convertiría en culpables de lo que pueda ocurrir a quienes callen y dejen de exponer su opinión, dejando el campo libre a los que manejan el cotarro en este mundillo filosófico y político en España.

    No veas, por tanto, “manos negras” ni en la Asociación Arjaí ni en el Blog ni en el Foro que mantiene. En todo caso, la Asociación Arjaí está abierta a todo el que quiera formar parte de ella, sin limitaciones de color político, y siempre que respete y cumpla los Estatutos, que están publicados en el Foro y que son públicos e inscritos en el Registro de Asociaciones: http://www.filosofiauned.es/index.php?option=com_kunena&view=topic&catid=39&id=1675&Itemid=72

    Un saludo.

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  4. Herrgoldmundo

    Hola Jesús

    No tienes por qué pedirme disculpas por tus “formas”. Yo no tengo la piel tan fina como los “ñoño-sensibleros” censores del foro de la UNED. 😉

    Desde luego, la articulación de un “nuevo Estado” estaría condicionada por la herencia que este recibiera de su predecesor.

    Pero estaremos de acuerdo en que para evaluar la fiabilidad y validez de un modelo teórico no solo hay que considerar sus “bondades metodológicas internas” (científica o racionalmente argumentadas), sino también las posibilidades y/o probabilidades de que pudiera implantarse en un determinado contexto o circunstancia histórica.

    Admites, por tanto, que sería necesario un período de transición para superar el actual sistema colapsado e iniciar la implementación progresiva hacia otro modelo alternativo, como por ejemplo tu modelo de “crédito social”. Totalmente de acuerdo.

    Pero además de un período de transición harían falta dos condicionantes psicológicos, por nombrarlos de alguna manera: VOLUNTAD DE CAMBIAR y ESPÍRITU DE SACRIFICIO (subrayo la importancia de los mismos) para hacer operativa tu propuesta. Esto parece que no lo tienes en cuenta.

    Durante la anterior crisis del 2008 surgieron muchas voces críticas contra nuestro actual modelo de Estado, heredero del pergeñado en 1977. También se criticaron los tres pilares en los que se fundamenta, y que tú cuestionas acertadamente. Hasta el Tato (que no pasa por ser muy listo) sabe que la fiscalidad en España es confiscatoria y tan solo sirve para alimentar a un Estado sobredimensionado e inoperativo. Todos sabemos que la inflexibilidad de nuestro marco laboral no favorece la creación de empresas ni de empleo; y todos sabemos que el sistema autonómico se sustenta en un entramado clientelar y parasitario improductivo.
    Muchas voces se alzaron contra este modelo a raíz de la crisis de 2008, la que no quisieron ver llegar Zapatero ni Solbes. Parecía que sería inevitable que, poco a poco, se fuesen corrigiendo todos nuestros defectos estructurales. Pero no, no solo no se corrigieron, sino que con la llegada del socialcomunismo actual se agravaron, se volvió a disparar el gasto público, y volvimos a nuestra sempiterna senda del “vivan las caenas” y el “pan y circo”. No damos para más. En román paladino: el ciudadano medio español no tiene voluntad de cambiar, menos aún de trabajar y sacrificarse; es ARISTÓFOBO.

    ¿Cómo construir el cesto de un modelo de “crédito social” (basado en la meritocracia) con estos mimbres?

    Incluso un foro de filosofía como el de la UNED, un supuesto espacio para el debate abierto entre espíritus libres, pecó de dogmatismo ideológico permitiendo que los ladridos sectarios de los corruptos ciudadanos de Efeso (léase marxistas del foro) silenciaran las voces disidentes.

    A mí no tienes que convencerme, no soy marxista. Creo en el esfuerzo y el trabajo recompensados y, desde luego, no creo en “el derecho a vivir del cuento”. A mí me parece muy racional y lógico, de sentido común, tu modelo de “crédito social”. Pero insisto: ¿crees, de verdad, que España es un país donde tu modelo pudiera implantarse?

    La cuestión que yo planteo (¿qué hacer con una gran masa de ciudadanos improductivos?) pretende superar las argumentaciones teóricas racionales, inútiles en nuestro país, considerando siempre, para cualquier modelo de Estado, una VARIABLE de peso: nuestra “psicología colectiva”.

    Por eso, cuando yo propongo considerar al ciudadano (español) como un “sujeto trascendental” con derechos jurídicos, pero también con derechos que yo prefiero llamar PSICOVITALES, no lo hago por creer en entelequias suprasensibles o sustantivaciones de ideas (derechos inexistentes), sino porque, de no hacerlo así, ¿qué deberíamos hacer con la gran masa de ciudadanos que solo aspiran a “vivir del cuento”?
    ¿Nos limitamos a mantenerlos vivos, parasitando a quienes se esfuerzan, con una paguita de subsistencia? ¿O les proporcionamos, además, una salida “digna” (una razón de ser) a través de un nuevo modelo ataráxico de humanismo-tecnológico?
    Tú y yo sabemos, no nos engañemos, que la ciudadanía española no solo exigirá su “paguita” (llámese renta mínima o universal), sino que pretenderá recibirla “sin dar nada” a cambio, como viene sucediendo, como bien señalas, desde hace mucho tiempo.

    Un saludo

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  5. jesusmmorote Autor de la entrada

    Muchas gracias Herrgolmundo por tus comentarios. Antes que nada, te pido disculpas si en algún momento me expreso con cierta rudeza; pero, aparte de que eso va en mi naturaleza, refractaria a la hipocresía, no te tengo por hombre que se ande con remilgos, y la situación es de tal calibre que creo que sobran las reverencias versallescas y el lenguaje flojo y ambiguo.

    Hay dos partes en tu comentario que paso a considerar. La primera, contenida en esta frase: “Pero en la crítica que realicé a tu modelo, yo partía de un supuesto, que, ahora que lo pienso, no sé si tu también consideraste.
    Yo partía del supuesto de que el nuevo modelo de Estado que surgiría tras esta grave crisis financiera tendría que gobernar a una gran masa de ciudadanos IMPRODUCTIVOS (subrayo).
    Y los ciudadanos improductivos no lo serían porque “no quisieran dar” (cumplir con sus obligaciones), sino, sencillamente, porque NO HABRÍA TRABAJO
    ”.

    Hay dos aspectos cuando se trata de construir o diseñar un nuevo modelo de Estado. Ciertamente, el nuevo Estado tendría que bregar con los resultados catastróficos que le ha dejado en herencia el Estado anterior. Si no hay trabajo, eso sería en principio imputable al Estado precedente, no al que se intenta implantar. Precisamente esa herencia catastrófica es lo que motiva que haya que cambiar el modelo de Estado. Por tanto, no puede ser una crítica al nuevo modelo que las cosas, cuando se lleve a cabo, ya sean un desastre. Precisamente eso es lo que justifica la aparición del nuevo sistema. Por eso una cosa es la posible validez del nuevo sistema propuesto y otra muy distinta cómo transitar desde el sistema antiguo al nuevo.

    Al comentario anterior de un participante en el hilo (creo que fue el primero que intervino) le expliqué que el sistema actual en España (con los resultados que están a la vista y, lo que es peor, los que se vislumbran en el horizonte), instaurado a partir del año 1977, se basó en tres pilares básicos: la reforma fiscal, la reforma laboral y la reforma de la organización territorial. La primera (y para las personas que desconozcan la materia hay que aclarar que no solo se trata de los Impuestos, sino que todos los Organismos y autoridades académicas que tratan de la cuestión incluyen también ahí las cotizaciones “sociales”, como es lógico en un sistema de reparto como el nuestro, y no de capitalización) ha transferido cada vez cantidades más ingentes de rentas desde los particulares y ciudadanos hacia el Estado. La segunda ha producido unos porcentajes de desempleo elevadísimos, que se han cronificado, sin que se vea forma de salir de ese agujero de paro. La tercera ha originado una metástasis de duplicidades administrativas y un nutridísimo ejército inútil de políticos y funcionarios, y la consiguiente asfixia burocrática del sistema y su incapacidad para equilibrar gastos e ingresos (a pesar de lo antes dicho sobre la cuestión de los incrementos progresivos de impuestos y cargas sociales).

    Parece evidente que el sistema ha colapsado o está a punto de hacerlo. No se puede escurrir el bulto respecto de la culpa que el propio sistema tiene en ese colapso. Un nuevo sistema tiene que contar con ese estado de cosas; pero, si se quieren hacer las cosas con orden, primero habrá que diseñar un sistema alternativo y, después, tratar de elaborar un régimen transitorio que permita pasar del fracasado sistema antiguo, al nuevo. Pero, en ningún caso, eso puede suponer una crítica al nuevo sistema propuesto, sino todo lo contrario: refuerza la necesidad de contar con un nuevo proyecto que sustituya al antiguo.

    La segunda parte de tu comentario se fundamenta en que es “necesario considerar al ciudadano improductivo como un “sujeto trascendental; es decir, no solo como un individuo portador de derechos jurídicos, que también, sino también con DERECHO A LA VIDA y derecho a autorrealizarse (trascender su existencia)”. Vamos con lo más básico: el derecho a la vida. Nadie niega ese derecho, pero conviene detenernos un poco en analizar en qué consiste exactamente. En su versión más de lenguaje natural, consiste en que nadie puede quitarle la vida a otro, en que todo el mundo está obligado a no atentar contra tu vida. La cuestión, sin embargo, no es tan sencilla. En todos los Códigos Penales se tipifica el homicidio. Pero incluso en esos términos, ese derecho tampoco es absoluto, pues también en todos los Códigos Penales (que son fruto de voluminosas especulaciones teóricas de grandes juristas y también de la centenaria experiencia del Derecho Penal) se incluyen causas de exoneración de ese tipo delictivo, tales como la legítima defensa (si alguien me quiere matar, está justificada mi respuesta), la defensa de un interés superior (si veo a alguien que va a colocar una bomba en un centro comercial, y no tengo otro medio de impedirlo que abatir al criminal, es evidente que estoy justificado si le doy muerte antes de que perpetre su acción) o el ejercicio de un deber (el soldado en guerra está exonerado de responsabilidad criminal si da muerte a un enemigo, porque para eso está ahí, para matar soldados enemigos, solo cumple con su deber).

    Pero vayamos un poco más allá: ¿puede alguien darse muerte a sí mismo si quiere hacerlo? En tal caso, parece que el derecho a la vida decae, y yo no puedo impedírselo, bajo la justificación de que defiendo el derecho a la vida del suicida. Y ¿qué pasa si alguno quiere “suicidarse” porque prefiere morir de inanición antes que coger un azadón y ponerse a cavar? ¿Puedo impedírselo de forma legítima? Por tanto, si no matizamos, esto se convierte en una discusión bastante estéril, de trazo grueso. Últimamente ha salido en la prensa el grave problema de la campaña del níspero o la próxima del albaricoque. Como no pueden venir emigrantes de África, debido a las restricciones a la circulación de personas impuestas por la epidemia del Covid, no se puede recoger la fruta. ¿Cómo es esto posible en un país como el nuestro con una tasa de desempleo de más del 15% de la población activa y no sé cuántos necesitados de “ayuda social”? ¿Realmente la gente, como tú dices, no tiene trabajo? ¿Es que no hay trabajo o es que el sistema crea parados? Si alguien prefiere morirse de hambre antes que pasar las jornadas de Sol a Sol recogiendo fruta en el campo, no sé qué “derecho a la vida” puede invocar esta especie de suicida.

    Leí ayer por la tarde un interesante artículo, que te insto a que tú también leas: https://www.libremercado.com/2020-04-19/coronavirus-pulso-entre-iglesias-y-escriva-como-sera-la-renta-minima-que-prepara-el-gobierno-1276656140/?_ga=2.165355516.233708385.1587250020-2655157.1523136230. Realmente interesante para aclarar conceptos que hoy se presentan muchas veces en confusa mezcolanza, porque ya se sabe que, a río revuelto, ganancia de pescadores.

    No solo es interesante el artículo en sí, sino también los tres enlaces que facilita al final el autor, sobre la cuestión de la renta básica y la renta mínima. Incluso el autor de los tres enlaces más propenso a implantar una renta mínima apunta las dificultades burocráticas y los posibles fraudes que se pueden producir. Pues bien, un sistema de crédito social, transparente, podría ayudar mucho a evitar esos obstáculos y a dar sentido a programas de renta mínima tendentes a la reinserción en el mercado de trabajo. Si el ciudadano tiene un historial social perfectamente determinado, todos esos problemas desaparecen; no necesita burocracia, ni la benevolencia del funcionario o político de turno. Ese sistema ya podrá haber identificado previamente quiénes tienen crédito social y merecen apoyo en trances desfavorables, y quiénes carecen, por su comportamiento pasado, de dicho crédito social, aquellos que son “suicidas sociales”, aquellos que prefieren morir de hambre a tener que producir algo para los demás. Y sospecho que el número de esos “suicidas sociales” iba a bajar mucho, hasta reducirse prácticamente a cero.

    Una cosa es tener “derecho a vivir” y otra distinta tener “derecho a vivir del cuento”. Como venimos de una Historia muy larga, podemos tener ejemplos ilustrativos. La España de los Austrias acabó fracasando, agobiada por la inmensa masa de mendigos, pedigüeños, vagos e improductivos que, sin producir nada, vivían de la “sopa boba”, suministrada por los Conventos y Parroquias y los miembros de la Nobleza. Al final ese régimen acabó sumido en una profunda crisis financiera. Es muy curioso que los progresistas, ahora tan entusiastas de la renta mínima o de la renta básica, achaquen a ese régimen degradado el atraso de España, mientras se deshacen en grandes elogios a los países ilustrados, donde se desarrollaron las ciencias y tecnologías modernas y se trabajaba duro para salir adelante, mientras España se consumía y desangraba. ¿O es que lo que molesta a esos “progresistas” es que la sopa boba la administraran y suministraran en aquel entonces la Iglesia y la Nobleza, y que no fueran “los suyos” los que la repartieran, como hacen ahora en Cuba o Venezuela (si es que todavía queda algo en esos países para echar al puchero en el que cocinar esa sopa boba)?

    Un saludo.

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  6. Herrgoldmundo

    Hola Jesús
    Efectivamente, puede que no haya utilizado los conceptos más adecuados para hacerme entender. A ver si ahora lo consigo…

    Primero expondré, resumidamente, el tema principal que nos ocupa:
    La crisis financiera nos va a obligar a desarrollar una nueva “polidicea”, es decir, un nuevo modelo de Estado que, como ya hemos dicho, habrá de superar los tradicionales modelos liberales y marxistas.

    El nuevo modelo de Estado que tú planteas, basado en un sistema de “crédito social”, se fundamentaría, entiendo, a partir del siguiente argumento: “Las relaciones humanas son siempre de intercambio”. Y dices textualmente:

    Las relaciones humanas son siempre de intercambio, no son autistas, y, por tanto, si uno da puede aspirar a recibir en consecuencia; y si no da nada, no puede aspirar a recibir nada
    Estoy totalmente de acuerdo, pues si el ciudadano tiene Derechos en términos jurídicos (no diremos metafísicos) también ha de tener obligaciones, y lo justo sería que si cumple con sus obligaciones sea recompensado a través de un “crédito social”.

    Pero en la crítica que realicé a tu modelo, yo partía de un supuesto, que, ahora que lo pienso, no sé si tu también consideraste.
    Yo partía del supuesto de que el nuevo modelo de Estado que surgiría tras esta grave crisis financiera tendría que gobernar a una gran masa de ciudadanos IMPRODUCTIVOS (subrayo).
    Y los ciudadanos improductivos no lo serían porque “no quisieran dar” (cumplir con sus obligaciones), sino, sencillamente, porque NO HABRÍA TRABAJO.

    Lo que yo me preguntaba en voz alta era si a estos ciudadanos habría que considerarlos “sujetos trascendentales” (con derechos y obligaciones) o meros “sujetos fenoménicos” (modos de ser sin derechos ni obligaciones).

    Si el ciudadano quedara despojado de sus derechos jurídicos (reconocidos por el Estado) porque no pudiera producir ni dar, entonces su vida carecería de valor y de SENTIDO (subrayo este aspecto); es decir, su existencia quedaría reducida, tan solo, a un mero “estar en la sociedad”.
    La pregunta sería:

    ¿Qué le proporcionaría tu modelo de “crédito social” a alguien que no aportase nada a la sociedad porque, en realidad, no habría actividad ni trabajo a través de los cuales pudiera producir?

    Esta es la pregunta que quizás no supe formular, pero que intenté responder cuando argumenté que era necesario considerar al ciudadano improductivo como un “sujeto trascendental; es decir, no solo como un individuo portador de derechos jurídicos, que también, sino también con DERECHO A LA VIDA y derecho a autorrealizarse (trascender su existencia).
    Consideré que al ciudadano improductivo debería garantizársele su derecho a la vida (comida, vivienda, sanidad…). De hecho, ya señalé que en España se estaba hablando de Renta Mínima de subsistencia. Pero, además, para preservar su dignidad, propuse que el Estado garantizara también sus NECESIDADES PSICOVITALES.
    Espero que ahora se entienda mejor mi crítica al modelo de “crédito social” en una sociedad improductiva (caso de España) y mi propuesta de modelo de Estado ataráxico.

    Un saludo

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  7. jesusmmorote Autor de la entrada

    Estimado Herrgoldmundo, comienzo por donde terminé mi contestación a Ikoman, en mi precedente mensaje. No quiero desviarme mucho del objeto principal de la entrada y, por tanto, dejaré sin responder a muchos de los temas que suscitas. He entrado en tu blog y, cuando haga una lectura más pausada de tu propuesta, de la que de momento solo he podido hacer una lectura rápida, allí podemos discutir muchos de esos aspectos a los que ahora no me voy a referir. No obstante, y de forma sucinta sí me gustaría hacer un par de observaciones generales sobre tu última intervención.

    Me han preocupado tus palabras “Doy por hecho que la tercera vía, que pretenda ser superadora y síntesis del liberalismo y el marxismo, deberá considerar a cada ciudadano como PERSONA, considerando que cada sujeto es portador de valores metafísicos (dignidad, derechos…)”. Me voy a permitir una cita del último capítulo del libro “Pensadores de la Nueva Izquierda”, de Roger Scruton, que he leído hace unos días (reproduzco de la edición española, con alguna puntual modificación debido a la pésima traducción, que a veces hace ininteligible o confuso lo que dice Scruton):

    Con frecuencia los pensadores de izquierda comienzan su crítica a nuestros sistemas políticos y sociales atacando al lenguaje; esto es parte de una estrategia de mayor envergadura que tiene como finalidad hacer del poder y la dominación los temas prioritarios de la discusión política y desacreditar las relaciones humanas mediadas por la búsqueda del acuerdo. La neolengua de izquierdas es un arma poderosa, no solo porque sirve para simplificar nuestro mundo social, sino porque describe la supuesta realidad que subyace bajo su atractiva y engañosa apariencia (…)
    Es urgente, pues, que la derecha, en primer lugar, recupere el lenguaje de la política y que ponga de nuevo a nuestro alcance lo que la terminología de izquierdas ha alejado de nosotros. Únicamente cuando dispongamos nuevamente de nuestro lenguaje natural podremos dar respuesta a las grandes acusaciones que la izquierda constantemente lanza contra nuestro mundo. Y solo recuperando ese lenguaje estaremos en condiciones de superar la unidimensionalidad que comporta el esquema ‘derecha/izquierda’, el esquema con nosotros o contra nosotros, progresista y reaccionario y el resto de dicotomías que dificultan o imposibilitan la disensión
    ”.

    Si utilizar el lenguaje natural me califica como de derechas, según ese sistema dicotómico al uso, me importa un bledo. Hace tiempo que para mí los términos derecha e izquierda no tienen ningún contenido, son etiquetas utilizadas en luchas de poder en las que yo no participo.

    Traigo aquí esta cita porque creo que, en muchos pasajes de tu comentario se trasluce que tú mismo estás siendo víctima de esa neolengua y urge recuperar, contra ella, el lenguaje natural que invoca Scruton. Así resulta de esa apelación tuya a un concepto bastante difuso, como es el de “persona”, o al menos lo es en neolengua, aunque no lo sea en lenguaje natural. Y ello por dos cosas. La primera, porque el concepto metafísico de “persona” o de “sujeto” es bastante cuestionable, al menos desde Hume, sin que ni siquiera el inteligentísimo Kant fuera capaz de rebatir el escepticismo humeano, debiendo contentarse, como hizo con la inmortalidad del alma, con su socorrida salida hacia la “postulación” de que existe una sustancia-sujeto.

    La segunda cosa es que atribuyes a esa “sustancia metafísica” un cierto contenido: “cada sujeto es portador de valores metafísicos (dignidad, derechos…)”. Ya has caído en la jaula de la neolengua como un inocente pajarillo. Analicemos eso bajo el prisma del lenguaje natural que propugna Scruton (y antes que él lo hizo gran parte de la Filosofía Analítica, dicho sea de paso). ¿Qué es eso de “dignidad”? Sinceramente, yo no lo sé, nunca lo he sabido, así que me he molestado en acudir al Diccionario y me he encontrado con la consiguiente “sorpresa”, Aparte de otras acepciones que no son del caso ahora, leo que dignidad es la “cualidad de digno”; bueno, me digo, busquemos “digno”; y me encuentro que significa “que tiene dignidad o se comporta con ella”. Glorioso círculo vicioso. Más natural parece la primera acepción de digno: “merecedor de algo”; pero entonces, dignidad sería, en lenguaje natural, la “cualidad de ser merecedor de algo”. Bueno, me digo, avancemos a ver adónde nos lleva eso, busquemos qué significa “merecer”: “Dicho de una persona: Hacerse digna de premio o de castigo”; vuelve el círculo vicioso al aparecer de nuevo la palabra “digna” para definir dignidad, pero como esta vez el círculo es más amplio, puede tener cierta utilidad. ¡Vaya sorpresa! Resulta que, después de todo, la dignidad consiste en el “crédito social”. Si no existe un sistema de crédito social, ¿cómo vamos a saber si tal o cual persona es merecedora de premio o de castigo?

    Pero, como digo, tú has caído ingenuamente en la trampa de la neolengua y por eso añades, para reforzar tu concepto de dignidad, que la persona tiene derechos. Muy bien, no niego que los tenga, y así se entiende la persona en términos jurídicos, pero bajo un sentido propio de la dignidad, también tendrá obligaciones y deberes, porque si no los tiene, si no es potencialmente merecedora de castigo, no tiene dignidad o, mejor dicho, solo tiene la mitad de la dignidad. La de satisfacer sus necesidades pero no la otra mitad, consistente en sufrir la penalidad de tener también que recibir el “castigo” de tener que esforzarse por los demás miembros de la comunidad. Las relaciones humanas son siempre de intercambio, no son autistas, y, por tanto, si uno da, puede aspirar a recibir en consecuencia; y si no da nada, no puede aspirar a recibir nada. Lo contrario es privar de dignidad, es decir de la mitad del contenido de la dignidad, a la persona, conforme al lenguaje natural, actualmente arrasado, al menos en el lenguaje filosófico de “izquierdas”, por el manto de viscosidad de la neolengua.

    Afirmas que la raíz del problema es: ”¿Cómo “salvar”, no solo materialmente sino psicovitalmente, a millones de personas que ya no serán productivas y, por tanto, no serán útiles al sistema?”. Pero creo que no enfocas bien la cuestión. Un sistema de “crédito social” no es estático (al menos en su versión más tradicional vigente en poblaciones reducidas, y no tiene por qué no serlo en un modelo más global de crédito social), sino, conforme a la naturaleza biológica humana, dinámico e histórico; el crédito social exige una historia personal. Ciertamente no vamos a pedir que produzca nada a un niño de cinco años ni a un anciano de noventa. Pero, en un sistema social sano, es evidente que atendemos al niño porque esperamos que llegue a hombre, y entonces restituya lo que antes se le dio; y también es evidente que el anciano se habrá hecho merecedor de atención social de sus necesidades, porque, cuando estaba en la plenitud de capacidades, aportó estas a sus conciudadanos.

    Naturalmente, puede que el niño fallezca antes de la madurez, o que haya personas físicamente incapacitadas, desde su nacimiento o por causas sobrevenidas, para aportar gran cosa productiva. Eso se puede asumir, y de hecho cualquier sistema social lo hace, si nos basamos en los mismos principios en los que se funda la institución contractual del seguro. Hay un grado de “siniestralidad” inevitable y asumible que hace viable el sistema. Pero si no hay multitud de siniestros indemnizables y son muy pocos los que pagan primas de seguro, el sistema entra en la quiebra financiera. Eso es sentido común dicho con palabras de lenguaje natural.

    ¿Cómo no me voy a acordar de nuestras fructíferas incursiones por el Parque Humano de Sloterdijk? Es necesario que haya unas reglas de socialización para que los ciudadanos vivan en una sociedad sana y viable. Sloterdijk ofrecía dos ejemplos muy ilustrativos. El de la parábola de la “Virtud empequeñecedora” del Zaratustra de Nietzsche, donde educar a los hombres a vivir en casas pequeñas los hacía enanos. Y el de Platón con su mito del político como “pastor de hombres”. Se quiera o no, la sociedad pastorea a sus ciudadanos desde la infancia; y los puede hacer enanos mezquinos, si pone como pastores a seres también enanos y mezquinos, o los puede poner al cuidado de pastores óptimos (elitismo aristocrático). Pero Sloterdijk no se plantea ningún sistema objetivable y transparente de reglas sociales, que hoy en día la sociedad de la información permitiría implementar, o al menos atisbar; por eso no llega a ninguna conclusión en su libro. Si ponemos al frente del rebaño humano a los peores, no cabe sino esperar una oclocracia, el gobierno de la chusma. Si ponemos al frente del rebaño a unos presuntos “mejores” (¿y quién dice quiénes son?) no cabe sino esperar una aristocracia, el Mundo Feliz de Aldous Huxley.

    Si el pastoreo humano se lleva a efecto mediante un sistema de ciudadanos informados y con dignidad (recuérdese: merecedores de premio o castigo, según actúen, lo que en el fondo es en lo que consiste la educación y la socialización), dignidad que solo puede llamarse tal cuando efectivamente se reparten los premios y los castigos según reglas seguras, transparentes y claras, que permitan obtener lo que realmente te han enseñado y prometido que tienes derecho a obtener según actúes; digo, si el pastoreo humano (para decirlo en términos de Platón y Sloterdijk) se lleva a cabo de esa forma, tal vez podamos hallar una tercera vía a las alternativas oclocrática y aristocrática. Es solo un principio de idea, que naturalmente necesitaría mucho estudio y reflexión, y, por descontado, la voluntad de querer escapar de la pinza entre las dos alternativas actualmente disponibles.

    Un saludo.

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  8. jesusmmorote Autor de la entrada

    Muchas gracias, Ikoman, por comentar, que eso es lo que enriquece los debates.

    Empiezo con tu alusión al hambre en el Mundo. Habría que analizar demasiadas situaciones que dan lugar a esa hambre y las circunstancias en que se produce en los distintos lugares, lo que excede en mucho mis capacidades y conocimientos, así que, para no irnos demasiado por las ramas, me limitaré al ejemplo que propones de la India, afirmando que “la propia gente que sufre esa pobreza y hambre desearía salir de ella, por mucho que desde el otro lado del mundo se invisibilice su condición desde esa propia imagen asimilada”. No creo que ese ejemplo pueda dar al traste con mis tesis y mi argumentación, sino que, al contrario, las ratifica plenamente. El problema de la India viene a ser exactamente el mismo que yo expuse: en la India hay más necesidades de las que la producción de ese país puede atender, en una situación extrema, dramática, que es precisamente de lo que en mi entrada avisé que se podría producir en España y en otros países cercanos si no espabilamos. Mi propuesta consiste simplemente en que reflexionemos sobre qué podemos hacer para evitarlo.

    Como supongo que sabrás, en China, entre los años 1959 y 1961 hubo una gran hambruna, que se llevó por delante a una cifra indeterminada de habitantes, entre 15 y 45 millones de personas, según diferentes estimaciones. Por otro lado, China sufrió brutalmente las consecuencias del imperialismo occidental tras perder dos guerras, la llamada guerra del opio y la llamada guerra de los Bóxers, durante la segunda mitad del siglo XIX; es un país profundamente humillado históricamente por Occidente. Sin embargo, la situación actual de China, o Corea del Sur, es muy distinta a la de la India, en lo que yo puedo conocer. Podríamos preguntarnos entonces, ¿por qué ese diferente desarrollo hasta llegar a la situación actual, en la que el PIB de China ya ha superado al de la Eurozona y, si las cosas siguen igual, pronto alcanzará al de EEUU? De acuerdo con mi tesis, China ha sido capaz de reformar su sistema social e institucional hasta conseguir producir muchísimo más de sus necesidades, exportando de forma masiva y acumulando grandes sumas de capital. Sin embargo, la India no, de forma que está en permanente crisis financiera (definí crisis financiera en mi entrada y a esa definición me remito).

    Aunque parezca lo contrario, tu exposición del problema no es antietnocéntrica o antiimperialista, sino todo lo contrario, profundamente racista. ¿Son los hindúes más limitados intelectualmente que los chinos, no son capaces de aprender matemáticas, física, informática, ingeniería? ¿Tienen los hindúes solo un brazo y los chinos dos? ¿No van a poder aguantar 8 o 10 horas diarias trabajando en una fábrica como hacen los chinos? Si así fuera, nunca podrían salir de la miseria, pues serían una especie de subhombres que necesitarían para vivir, como mi gato necesita que yo lo alimente o si no se muere, de los superhombres chinos o alemanes. Yo no creo que ese sea el problema: yo no menosprecio a los hindúes, creo que son tan hombres como los suecos o los españoles o los estadounidenses. Por lo tanto, si quieren salir de la miseria, se tendrán que poner a producir como hacen en otros países no quebrados financieramente para que su producción llegue a cubrir sus necesidades y, si no lo hacen, ahí se van a quedar y se van a seguir muriendo de hambre. Nadie les va a sacar las castañas del fuego si no lo hacen ellos mismos.

    Propones que hay que superar el marco de los Estados nacionales y apuntas a un marco institucional mundial, a una especie de Gobierno planetario que podría solucionar los problemas del dominio de unos países sobre otros. Ese sería el ideal del comunismo, que desde sus orígenes ha propugnado la extensión internacional del sistema comunista. Es comprensible. La cuestión de las necesidades humanas es, como el hombre mismo, enormemente elástica. Sería impensable que un hombre del siglo XIII sintiera necesidades que hoy sentimos. Nada le hubiera convenido más, por ejemplo, a la DDR que no tener al lado a Alemania Federal; tampoco vivían tan mal los alemanes orientales, después de todo. Pero cuando tienes al lado a tus familiares y amigos, de tu misma pasta y de tu misma cultura, que viven opíparamente, las necesidades que tienes son muy distintas a las que tendrías si no los tuvieras ahí enfrente, a pocos metros de distancia. Si todo el Planeta fuera una inmensa Cuba o Venezuela, los cubanos y los venezolanos podrían sentirse satisfechos en sus necesidades con poquita cosa.

    El caso es que precisamente el que, a nivel de Estado-nación, algunos de ellos no estén al arbitrio del poder de otros, hace que se puedan mirar unos a otros y se puedan hacer evaluaciones ciertas y empíricas de que algunos Estados no lo están haciendo demasiado bien. Los Estados modernos son muy poderosos, pero siempre encuentran un límite en otros Estados. Los ciudadanos de un Estado están a salvo del poder inmenso que ostentan los demás Estados sobre sus propios ciudadanos. No soy muy amigo de las fronteras, pero si estas tienen que caer, mejor que lo hagan por la extensión de modelos exitosos en la resolución del problema producción-necesidades, que mediante la extensión de modelos fracasados en ese orden. ¿No crees?

    Hablas de “un concepto de paradigma excluyente de las realidades de las sociedades y economías más desfavorecidas”. Ya critiqué en mi entrada unas palabras de Josep Borrell, y las vuelvo a traer ahora a colación: ¿Y ese reparto entre economías más o menos desfavorecidas, dónde se ha hecho, en una tómbola? Yo no lo creo. Hay países que no tienen grandes recursos naturales que están situados en la periferia de las grandes rutas comerciales y que no pasan penuria ni miseria, como otros que están sentados sobre bolsas incalculables de petróleo donde la población padece hambre. Pienso que un poco de reflexión sobre dónde está cada cuál y por qué está ahí es imprescindible para no caer en el abismo financiero.

    Hablas de ética y de economía. Consideré necesario, en la primera parte de mi entrada, plantear, a grandes rasgos, el gran problema de la Ética. Y la conclusión a la que llegué, que puede estar equivocada, claro, es que es imposible hallar un imperativo categórico de contenido material. Centré mi crítica en el “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades” y la imposibilidad de llegar a una sociedad aceptable en términos de felicidad mediante la puesta en práctica de dicho imperativo moral. Tal vez haya otros posibles imperativos categóricos de contenido material, pero yo los desconozco. Si alguien los conoce, estaría muy bien que los expusiera, y podríamos tomarlos en consideración con el máximo gusto e interés, pues tal vez alguien esté en posesión de la piedra filosofal de la Ética y no lo sepamos.

    Si estoy en lo cierto, eso no existe. Cada uno tendrá sus valores y, precisamente porque cada uno los tiene, el mundo es tan fascinante y variopinto. Por eso hay intercambio de ideas y de mercancías. Agradezco el tono de tu respuesta, que es sumamente considerado en general. Pero no me gusta leer cosas como que “este es un foro de filosofía y esta necesita de valentía, de decencia y de consciencia, conciencia y atrevimiento”. Tal vez tengo la piel muy fina, pero ¿no estarás sugiriendo que quienes tienen valores diferentes de los tuyos son cobardes, indecentes o inconscientes? Ese tipo de expresiones son un tanto ofensivas, la verdad, y mal camino es creer que uno ostenta el monopolio de la decencia. Por otro lado, en el mundo filosófico actual la mayor valentía no es remar a favor del pensamiento único “progre”, sino remar contracorriente, como creo que he hecho yo en mi entrada, proponiendo valores diferentes a los comúnmente aceptados en este mundillo. Y algo apuntó Herrgoldmundo en este sentido, aunque he preferido no entrar en esa cuestión que planteó.

    Como tú, tampoco quiero soltar yo aquí un ladrillo, aunque bastante me he extendido, intentando ceñirme a los asuntos de que trata mi entrada.

    Espero tener tiempo en próximas aportaciones en el blog de tratar ese tipo de temas, por ejemplo comentando algún texto del recientemente fallecido Roger Scruton, objeto de “muerte académica” filosófica por oponerse a la corriente dominante. Y también dedicar algo de tiempo a reflexionar sobre algunas cuestiones que tocas de pasada, como el concepto filosófico de causa, la poco explorada relación entre economía y ética (que pueden ser consideradas como ramas particulares de una teoría general de la acción humana) o la cuestión de los Derechos Humanos en su concepción canónica actual, cuestiones de enorme interés pero que, como digo, nos desviarían bastante del debate que suscita mi entrada.

    Te reitero las gracias por tu aportación.

    Un saludo.

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  9. Herrgoldmundo

    Jesús, si tu intención era “abrir debate”, desde luego lo has hecho magistralmente, en serio. Has comenzando con una introducción, necesaria, para distinguir entre “sujeto trascendental” y “sujeto fenoménico”; considerando las implicaciones que estos “modos de ser” pudieran tener en la articulación de diferentes modelos de Estado.

    Cualquier propuesta de modelo de Estado debería considerar, primero, si cada uno de sus ciudadanos es un “sujeto trascendental” (persona portadora de valores suprasensibles) o tan solo un “sujeto fenoménico” cuya existencia se reduciría, básicamente, a producir para sobrevivir.

    Hiciste un breve pero pedagógico recorrido histórico-filosófico (Kant-Hegel- Marx) para explicar cómo el “sujeto trascendental” kantiano devino “espíritu o colectivo trascendental” con Hegel y, finalmente, “sujeto fenoménico” con la llegada del materialismo marxista.

    La crisis actual pondrá en peligro el modelo socialdemócrata actual y, por tanto, la razón de ser del Estado de bienestar. Y solo conocemos dos “soluciones tradicionales”, liberalismo y marxismo ,para salvar a los “animales de lujo” en que nos hemos convertido.

    Ya estuvimos de acuerdo en que ni el liberalismo libertario ni el liberalismo de la economía de mercado, ni el marxismo, nos “salvarían”. Por eso, entiendo, propusiste una tercera vía o modelo de “crédito social”, a partir de postulados marxistas corregidos y superados.
    Supiste ver que con el colapso financiero en ciernes, ya no serviría la máxima marxista de “dar a cada cual según sus necesidades”. Como bien señalaste, las necesidades materiales serán muy superiores a las capacidades de cada individuo para producir. La producción disminuirá drásticamente y la economía se contraerá en España, según algunos analistas, a niveles del crack del 29. Sin embargo, las necesidades seguirán siendo las mismas, y no solo materiales: vivienda, comida, salud, sino también PSICOVITALES (luego me detendré en este punto).

    La salvación parece difícil, si no imposible. Yo no la contemplo.
    Pero volviendo a nuestras especulaciones filosóficas, todavía no hemos formulado la pregunta más urgente:
    ¿Qué clase de persona (Ortega) o “modo de ser”, trascendental vs fenoménico, queremos “salvar”?

    Doy por hecho que la tercera vía, que pretenda ser superadora y síntesis del liberalismo y el marxismo, deberá considerar a cada ciudadano como PERSONA , considerando que cada sujeto es portador de valores metafísicos (dignidad, derechos…).

    Si no es así: ¿qué sentido tendría “salvar” a una ciudadanía cosificada donde cada individuo sería, tan solo, un “sujeto fenoménico”, es decir, un productor que ya no podría producir. ¿Qué sentido y/o valor para el sistema tendría su existencia?

    Lo que planteo es muy duro, pero es la raíz del problema:
    ¿Cómo “salvar”, no solo materialmente sino psicovitalmente, a millones de personas que ya no serán productivas y, por tanto, no serán útiles al sistema?

    Entiendo que tu propuesta de “crédito social” intentaría proporcionarle al ciudadano una salida, más o menos digna, para que pudiera trascender y dar sentido a su existencia, a través de un “reconocimiento social” administrado tecnológicamente por el Estado. Pero en tu propuesta (especulativa) deberíamos optar, una vez más, entre elegir un Estado controlador (heredero del marxismo) o un Estado garante (heredero del liberalismo).

    Me explico: tu modelo, aunque pretende salvar al “sujeto trascendental”, dándole una salida digna para lograr una autorrealización personal, solo contempla una única vía que pudiera dar cierto sentido a su existencia: lograr “reconocimiento social”. Pero dicho “reconocimiento o crédito social” solo podría hacerse bajo la supervisión y el CONTROL TOTAL del Estado, gracias al desarrollo de nuevas TECNOLOGÍAS SOCIOPOLÍTICAS que le permitirían a nuestros gobernantes disponer de todo tipo de información personal y fiscal de cada ciudadano (bien traído el ejemplo de Hacienda).

    Como ya expliqué, y en mi opinión, tu propuesta no salvaría al “sujeto trascendental”, porque lo sometería, inevitablemente, al control de un Estado Omnipresente y Omnisciente gracias a la tecnología informatizada en manos de un Estado controlador. Yo propondría que la tecnología informatizada, sin duda necesaria, estuviese al servicio de un Estado garante que permitiera a cada individuo satisfacer sus propias necesidades PSICOVITALES.

    CONCLUSIÓN:

    A tu propuesta de “crédito social”, sin duda interesante, le faltaría “alma”. Has visto muy bien hacia dónde se dirige la humanidad, y también has sabido ver que la tecnología informatizada, e incluso los algoritmos matemáticos y la física cuántica, ya hace tiempo que están por la labor de crear “modelos predictivos” que permitan el control, en definitiva la cría y domesticación, del parque humano. ¿Te acuerdas del interesante debate que mantuvimos a colación de “Normas para el parque humano” de Sloterdijk?
    Pero el ser humano no solo es un “sujeto fenoménico” que se deba al imperativo de ser, sobrevivir y perdurar en el tiempo, sino que también es un “sujeto trascendental”, incluso aunque “Dios haya muerto”, porque siempre será un “sujeto psicovital”; es decir, un individuo con necesidades, no solo materiales (vivienda, comida…) sino también con necesidades de AUTORREALIZACIÓN PERSONAL, necesidades espirituales y/o existenciales, como se prefiera.

    ¿Dónde deja tu modelo de “crédito social” el aspecto PSICOVITAL (ahora retomo este concepto) que es constitutivo de todo ser humano? A saber: ¿Dónde queda la libertad para elegir y operar (hacer)?
    ¿Qué pasaría con los ciudadanos que consideraran que su vía de autorrealización personal no necesitara del “reconocimiento social” que pudiera otorgarle un Gran Hermano omnipresente en sus vidas?

    Yo también, muy en tu línea de proponer una tercera vía de salvación, a través de lo que he dado en llamar un HUMANISMO-TECNOLÓGICO, he planteado la posibilidad de un modelo de Estado “Ataráxico poshumanista” (desarrollado en mi blog) que sí tendría en consideración las necesidades psicovitales que permitieran cierto grado de libertad y operatividad a individuos religados, inevitablemente, a un Gran Hermano tecnológico.

    Un saludo

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  10. jesusmmorote Autor de la entrada

    Realmente no estoy proponiendo nada, o mejor dicho, solo estoy proponiendo abrir un debate sobre algunos posibles modelos de transformación del Estado en su forma actualmente existente. Y, efectivamente, el modelo del “crédito social” podría resumirse como tú lo haces.

    Hace unos años leí una frase de Ray Kurzweil (creo que era de él, puede que me equivoque, y si es así pido disculpas) que decía que hoy en día cualquier persona con un móvil con conexión a Internet, tiene a su alcance inmediato más información sobre el mundo y lo que en él sucede que la que tenían a su alcance el César Augusto o Carlos V, que gobernaban enormes Imperios. Tiene mucha razón Kurzweil, pero yo añadiría de mi cosecha que también hoy en día cualquier Presidente de Gobierno tiene a su disposición más información sobre cada uno de sus ciudadanos que la que Augusto o Carlos V podían haber soñado jamás tener.

    Y siendo esto así, la estructura institucional del Estado contemporáneo sigue siendo, básicamente, la misma que se implantó en Europa y América a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, o sea, hace la friolera de 200 años. ¿Tiene eso algún sentido? ¿No habría que empezar a pensar en cambiarla?

    Entro ya en tus dos reparos. El primero de ellos hace alusión a que un sistema de “crédito social” no sería capaz de diferenciar adecuadamente y trataría de forma homogénea a personas en situaciones heterogéneas. Pero creo que no enfocas adecuadamente la cuestión. No soy un experto en informática, pero, en lo que se me alcanza, está ya está bastante lejos de sus orígenes en que nació como una herramienta de cálculo numérico (en Hispanoamérica a llaman computadoras a lo que aquí llamamos ordenadores, aludiendo al origen computacional de las maquinitas con las que trabajamos), pero creo que eso está ya bastante superado. Me parece que hoy en día los programas, algoritmos o como se llamen, en el mundo de los big data (tampoco estoy muy seguro de utilizar correctamente la expresión, pero creo que se me entiende) han sido capaces de, a base de un tratamiento masivo de números, alcanzar un nivel de análisis cualitativo de la realidad. El mundo de la informática está hoy más cerca de la Inteligencia Artificial que de las máquinas calculadoras. Por tanto no veo por qué, si el tratamiento de datos es adecuado, no puedan servir para análisis cualitativos bastante perfeccionados.

    En cuanto a tu segundo reparo, te pido que reflexiones sobre lo siguiente. La cantidad de información que hoy en día es posible recoger sobre los ciudadanos es enorme. En los ámbitos profesionales en los que he trabajado y trabajo actualmente, se puede uno hacer una idea. Por ejemplo: ¿sabes que la Agencia Tributaria recibe periódicamente de las empresas eléctricas todos los consumos, con todo detalle de fechas y horas, de todos los ciudadanos? Y puede disponer de los movimientos de tu tarjeta de crédito. Existe también lo que se llama facturación electrónica de acceso directo por la Agencia Tributaria. Ya se implantó hace un par de años la limitación de pagos en efectivo en España y hay países, como Dinamarca, en los que no se puede pagar en efectivo, solo con tarjeta; otros países como Suecia tienen previsto adoptar también esa medida y posiblemente, al menos eso pronostico yo, eso se va a implantar pronto en muchos países como España. Es decir: la Administración Pública va a poder saber dentro de nada qué día y a qué hora realizaste una compra, si compraste unos pasteles, una caja de preservativos o una botella de ginebra, y de qué marca era, si me apuras.

    Eso, que empezó con la coartada de la lucha contra el fraude fiscal ha ido a más con la disculpa de la lucha contra el terrorismo, el blanqueo de capitales y demás. Toda esa información está a disposición del Gobierno. Incluso un siniestro personaje como Cristóbal Montoro se permitía en comparecencias públicas amenazar veladamente a medios de comunicación y conocidos periodistas, dejando caer que él sabía todo sobre ellos, así que que se andaran con ojo. Hoy tenemos de Vicepresidente Segundo a un señor subvencionado en su trayectoria política por Gobiernos como el de Irán o el chavista de Venezuela, que está personado en el órgano directivo del CNI.

    Nos podemos poner como queramos, pero eso está ahí, y está para quedarse.

    En esta tesitura, ¿no sería mejor que, ya que todos estamos “radiografiados” en esas bases de datos, todos tuviéramos acceso a todos esos datos y no solo el Gobierno o, parcialmente, ciertas corporaciones, unas públicas y otras privadas? Podrás comprender Herrgoldmundo, que a mí no me gusta que tú puedas saber cuántas botellas de ginebra y de qué marca me bebo yo cada mes, pero eso no me preocupa demasiado; lo que de verdad me preocupa no es que lo sepas tú, sino que lo sepa cualquier funcionario debidamente situado y, por supuesto, cualquier Ministro, sea del signo político que sea.

    Creo que, como la mayoría de nosotros, estás cayendo en una trampa ideológica que nos han tendido con mucha habilidad. Invocas tu libertad y lógicamente te apoyo en eso. Pero solo ves como amenaza contra tu libertad, es decir, contra el derecho a actuar con tu voluntad libremente formada, la coerción o la violencia, que es la forma más burda y llamativa de atentar contra la libertad. Pero hay otras. En Derecho civil se contempla, por supuesto, la violencia como vicio de la voluntad. Pero también se contemplan otras formas de vicio de la voluntad que merecen nuestra atención, especialmente porque no son tan obvias: el dolo y el error. Si en tus relaciones con el Estado (o el funcionario de turno), cuando pagas impuestos, cuando votas, cuando ejerces la crítica, una de las partes sabe mucho más (tiene muchísima más información) que tú, fácilmente tendrá un dominio sobre tu voluntad, porque tú tomarás decisiones equivocadas, por falta de información, mientras que la otra parte las tomará con más acierto, por tener muchísima información a su alcance. Eso invalidaría un contrato por vicio de tu voluntad, por existir error. Peor todavía es el dolo, que consiste en actuar bajo un error inducido o provocado por la otra parte con la que te relacionas. Si la otra parte, además de tener mucha más información que tú, además tiene a su disposición enormes y masivos medios de comunicación (o propaganda) bien subvencionados además de instituciones como el CIS o el INE, la cosa adquiere dimensiones trágicas.

    Así que tal vez habría que perder el miedo a hacer explícito y evidente lo que ya existe de forma subrepticia: tú no tienes vida privada, pero quien conoce esa vida privada tuya es solo el Estado y sus funcionarios, y utilizan esa información a su antojo.

    ¿No sería mejor que, si no toda esa información fuera de acceso general (como ocurre en los pueblos pequeños del ejemplo que puse), al menos hubiera un marco claro que estableciera institucionalmente: qué información está disponible en cualquier base de datos de uso administrativo y político, cómo se almacena y con qué algoritmos se procesa esa información y quién tiene acceso a ella y cuándo y para qué accede a la misma? Y si no se quiere que todo el mundo pueda informarse en un marco de juego limpio de acceso a la misma información, para que cada uno pueda tomar sus decisiones con una voluntad libremente formada, al menos disponer de unos patrones de “crédito social” para saber con quién nos jugamos los cuartos. Por ejemplo, no estaría fuera de lugar una valoración social numérica que nos permitiera saber si en la papeleta que introducimos en una urna cada cuatro años el candidato X al que pretendemos votar tiene una valoración de 9 sobre 1.000 o de 900 sobre 1.000 (en función de su “historial social”). Y sabiendo qué criterios se han utilizado para obtener esa “valoración social” para el sujeto en cuestión.

    Ahí dejo estos apuntes para la reflexión de cada cual.

    Un cordial saludo.

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  11. Herrgoldmundo

    Gracias por tu cálido recibimiento, Jesús. Ya sabes que yo también disfruto siempre debatiendo contigo, y aprendiendo de ti.

    Dices bien, se podría decir que tu tesis parte más bien de un “postulado”, por eso me referí al mismo como “suerte de petición de principio”, aunque en realidad no era tal. Bien matizado y razonado.
    De acuerdo, no impugnaremos tu postulado, y seguiremos aceptando que el Estado debe “facilitar la felicidad de los ciudadanos”. Al cabo, sospecho que sería muy difícil lograr la felicidad en una sociedad sin garantizar, además, una amplia parcela de libertades.

    Estoy de acuerdo en que ninguna de las dos formas de liberalismo, ni el libertario y ni el basado en la economía de mercado, podría hacer frente a la crisis actual. Y es cierto que la política en el SXXI pasa, inevitable, por el control de los medios de comunicación. Esto lo ha entendido, y aplicado muy bien, nuestro actual gobierno socialcomunista. Totalmente de acuerdo.

    Si no te he entendido mal, lo que propones sería utilizar los medios de comunicación como “herramienta política”, pero no para controlar a la población (manipulándola y adoctrinándola), sino para incentivarla haciendo “visibles” las buenas acciones de aquellos ciudadanos más solidarios y entregados al bien común. ¿Sería más o menos así?

    ¡Uf, no lo veo! No lo creo factible por dos razones:

    PRIMERA: porque dicho modelo no sería aplicable en poblaciones con un gran número de habitantes. De hecho, tú mismo señalas que sería en las pequeñas poblaciones donde podría darse, de forma natural, ese “reconocimiento social”. Pero también admites que dicho reconocimiento conllevaría parejo un “estigma” hacia quienes no entraran en el juego de conducirse como “individuos sociales”.
    ¿Qué haríamos entonces con los individuos “antisociales” que no fuesen “aprovechones o egoístas”, sino biogenéticamente antigregarios: introvertidos, individuos carente de asertividad, o que incluso presentaran algunas psicopatologías (asperger o algún grado de autismo)?
    En una población pequeña, por ejemplo, no estigmatizarían a alguien con problemas psicológicos (el tonto del pueblo, que se decía antes), porque TODOS le conocerían y aceptarían su diferencia y su singular manera de ser. ¿Qué pasaría en una población más numerosa donde nadie conociese realmente a nadie?

    SEGUNDA: ¿la hipotética red de “reconocimiento social” no podría devenir, más pronto que tarde, una red de “comisarios políticos?
    No quiero entrar en cuestiones personales, pero tú mismo viste de qué manera, en el foro de la UNED, comenzaron a borrar y censurar mis reflexiones, básicamente por razones de índole ideológica. España misma, en estos tristes y graves momentos, es un fiel reflejo de cómo, a través de la manipulación de los medios de comunicación y el control de mecanismos de censura (Newtral, Maldito bulo…), se está silenciando a una parte importante de la población.
    Yo creo que tu propuesta o “modelo de reconocimiento social”, de aplicarse, pasaría muy pronto a convertirse en un “modelo de represión social”. Así somos.

    Un saludo.

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  12. jesusmmorote Autor de la entrada

    Bien hallado, Herrgoldmundo, siempre es un placer poder debatir contigo de Filosofía.

    Como podrás comprender, en el reducido espacio de un artículo en un Blog (y este ya me salió demasiado largo) algunas cuestiones solo se pueden apuntar, porque tratarlas exhaustivamente desviaría la atención del asunto principal que se quiere tratar. Por eso, los comentarios de los lectores son muy apreciados pues permiten profundizar un poco más en algunos aspectos tocados de pasada.

    Soy consciente de que la afirmación de que la función del Estado es lograr la felicidad de los ciudadanos puede ser cuestionada. En realidad tienes razón en que eso no está argumentado en mi artículo, pero tampoco creo que se pueda calificar mi afirmación como una “petición de principio”; una petición de principio envuelve un argumento circular, y con ella se pretende dar por demostrado algo que ya se había afirmado en las bases del razonamiento. En mi caso creo que más bien la afirmación que hago tiene la función de un “axioma” en un argumento matemático, o, si prefieres, de un “postulado”; o incluso de un tópico o lugar comúnmente aceptado por todos o casi todos, que sirve de punto de partida en los argumentos de tipo “social” o “político”, en los que no tienen cabida los axiomas como tales, como ya expuso Aristóteles.

    En todo caso, no creo que ese postulado mío en cuanto a los fines del Estado pueda ser fácilmente impugnado. Por ejemplo, Séneca, en su obra “De vita beata”, también parte de él, y lo mismo viene a hacer Aristóteles en sus obras éticas y políticas, bajo el nombre de “eudemonía”. De hecho eso ha dado lugar en los manuales actuales de Ética a distinguir entre dos corrientes principales: las éticas eudemónicas (o de la felicidad) y las éticas deontológicas (o del deber).
    Pero incluso, si lo pensamos bien, y creo que algo de eso se puede percibir en mi artículo, hasta la Ética que canónicamente se considera deontológica, la de Kant, en el fondo aspira a la felicidad humana, lo que ocurre es que la pospone a la otra vida, y por eso postula la inmortalidad del alma. O sea, que hasta Kant busca la felicidad final como meta de la acción humana.

    Por tanto, no parece que sea fácilmente impugnable mi postulado de que el Estado está para facilitar la vida buena o la vida feliz de los hombres, o, si se quiere, como digo expresamente en el texto, al menos una vida menos mala o menos infeliz que la que tendríamos si no hubiera Estado u organización política. El Estado existe como cuestión de hecho, y no veo de qué manera el hombre podría vivir en sociedad sin que hubiera unas reglas de comportamiento que, en caso de ser violadas por alguien, deberían recibir un castigo, para evitar que la gente se saltase las reglas a la torera.

    Pero que el Estado exista como cuestión de hecho no puede bastar al filósofo. La Filosofía tiene que buscar una justificación del Estado dentro del marco de los principios fundamentales de la acción humana y por eso hay que preguntarse ¿para qué existe el Estado? Porque es la única forma de huir del positivismo y de poder hacer una crítica del Estado realmente existente, de la legitimidad de los Estados realmente existentes. Si no se afronta el problema de esa forma, es imposible hacer una crítica de tal o cual Estado, y hasta el Estado más tiránico se autojustificaría y quedaría inmune a cualquier crítica filosófica.

    Propones, como alternativa a la de la felicidad, la de la búsqueda de la libertad. Pero creo que en el fondo estamos hablando de lo mismo. Me parece evidente que queremos la libertad porque precisamente lo que mayor felicidad puede darnos es poder elegir hacer lo que más nos apetezca en vez de hacer lo que le apetezca a otro, que en eso consiste la falta de libertad, en actuar con una voluntad esclava o condicionada por la voluntad de otro. Por lo tanto, la libertad es instrumental: tenemos que ser libres para ser felices, no queremos ser felices para ser libres.

    Y ahí es donde está el problema. Qué más me gustaría a mí que poder ver en perspectiva un Estado liberal, entendido no tanto en sentido económico como en sentido político. Pero, por desgracia, las dos alternativas que se nos abren dentro del liberalismo, no las veo viables. Si pensamos en las experiencias libertarias de tipo revolucionario, al menos las que yo conozco, son presa fácil del comunismo marxista-leninista: así ocurrió en las experiencia de la Revolución rusa, con los marineros de Kronstadt y la Ucrania de Majnó; y también en España, cuando el comunismo estalinista dio un golpe de Estado dentro de la Segunda República. A poco que los resortes del Estado estén en manos de los comunistas, estos darán cuenta de los anarquistas (que, por principio renuncian a dichos resortes) con saña incluso más sanguinaria que aquella que usan contra los “burgueses”. Al menos eso es lo que dice la Historia.

    En cuanto al liberalismo de economía de mercado y propiedad privada, dada la expansión que el Estado ha experimentado desde los tiempos de Hegel, y la debilidad teórica de un modelo que, aun postulando una dimensión mínima del Estado, no es capaz de ofrecer criterios claros de limitación del poder o de vetar el paso de las ambiciones particulares a los puestos de mando del poder estatal, no veo forma de limitar dicho poder, que cada vez parece más extenso y sin control público, dado que el sistema electoral es fácilmente manipulable desde el control de los medios de comunicación y el acceso privilegiado a cada vez más información sobre los ciudadanos, sin que se vea cortapisa a ese desmesurado poder.

    Por eso he expuesto (que no propuesto, no soy tan osado) una posible tercera vía, a que se refieren (con fuertes críticas) los dos últimos artículos que referencio en la bibliografía de mi artículo, el de Byung-Chul Han y el de Zibechi. El asunto es que el debate político en el siglo XXI va a ir derivando hacia el control de la información, que es la herramienta política más poderosa de nuestros tiempos.

    Hace ya 20 años que me di cuenta de una cosa, cuando ocupé mi primera Notaría en un pueblo muy pequeño (500 habitantes). Yo venía de vivir en Palma de Mallorca y siempre había vivido en ciudades. En ese pueblo me di cuenta de una cosa importante en las sociedades tradicionales. En un pueblo de ese tamaño prácticamente no hay vida privada: todo el mundo sabe todo o casi todo de los demás vecinos. Eso hace que, por ejemplo, nadie se salte la cola en la tienda, si hay que colaborar en cosas como arreglar el tejado de la iglesia del pueblo, todo el mundo colabora. O casi, pero si tu comportamiento es antisocial, si eres un aprovechón, enseguida eres detectado y recibes un fuerte “castigo” en términos de rechazo social. Eso, en una ciudad como Palma, para no hablar de Madrid o Barcelona, no ocurre: el antisocial actúa con total impunidad, bajo la invisibilidad del anillo de Giges del mito de Platón. Solo recibe, nunca da, pero su comportamiento queda impune.

    Por tanto, me planteo si esa visibilidad que hoy facilitan las nuevas tecnologías, que llegan a poder saber casi todo de casi todo el mundo, deben estar al servicio de quienes detentan el poder, que las utilizarán para reforzar ese poder, o debería estar a disposición social, estableciendo un sistema objetivado de “crédito social” que contribuya a una mejora de las relaciones humanas y, en conjunto, a una actuación más eficiente del Estado en la búsqueda de la felicidad.

    Naturalmente, yo no puedo decir, si nos encamináramos hacia un sistema de ese tipo, qué hacer con las deudas ya acumuladas en una sociedad que ha funcionado con otros parámetros de premio y castigo. Pero he querido compartir con vosotros esas ideas mías.

    Un saludo.

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  13. Herrgoldmundo

    Hola Jesús,
    Dices que el fin último del Estado debería consistir en alcanzar la felicidad, coincidiendo con el instrumentalismo de Stuart Mill y con el fin último del marxismo, pero yo creo, como Spinoza, que el Estado solo debe garantizar, en el mayor grado posible, la libertad de sus ciudadanos.

    Supongo que toda tu tesis parte de una suerte de “petición de principio” , considerar que el fin último del Estado es proporcionar la felicidad, porque esta es la “verdad apriorística” que, nos guste o no, fundamenta nuestro actual “Estado del bienestar”.

    Bien, aceptemos que de lo que se trata es de “salvar”, en la medida de lo posible, “los restos del naufragio” del estado de bienestar que pudieran quedar tras la crisis del coronavirus.

    Para alcanzar dicho objetivo (salvar los restos del estado de bienestar) no serviría un Estado liberal ni, como bien explicas, un Estado marxista. Y por ello propones una tercera vía que llamas “modelo de crédito social” (corrígeme si me equivoco).

    Tu modelo, híbrido o síntesis del liberal y el marxista, propondría un necesario estímulo de la competitividad para generar riqueza (liberalismo) y una redistribución al estilo marxista para garantizar una RETRIBUCIÓN SOCIAL a aquellos que más se esforzaran. Para ello a los “más productivos” se les ofrecería “reconocimiento social y ventajas estimables” (cito textualmente).

    Pregunto:
    ¿En qué consistirían dichas “ventajas estimables”? ¿Permitirían condonar o efectuar quitas sobre las deudas contraídas por muchos autónomos y pymes, por ejemplo?
    ¿Qué se haría con la gran cantidad de deuda que muchas empresas y autónomos arrastran desde la última crisis de 2008? ¿¿??

    Un saludo

    Herrgoldmundo

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  14. ikoman

    Muy interesante la entrada. A mí, personalmente, me ha gustado la manera en la que me ha mantenido en conflicto conforme avanzaba la lectura.

    En mi opinión, el texto navega sobre mimbres sociales vigentes, sí, pero probadamente fallidos y obsoletos desde un punto de vista del marco tecno-ecológico.

    Echo en falta poner en valor corrientes de pensamiento modernas y ancladas en el momento presente.
    ¿Qué tal si lo llevamos más allá y tratamos de acercarnos a una raíz más profunda y actualizada?

    Tratemos de incorporar modernidad y vanguardia. No podemos dar la espalda a las conexiones globalizadas entre estados y economías, ni mucho menos a la realidad medioambiental y ecológica.

    Yo propondría una “Okomodicea” u “Oikodicea”. En Grecia, “oikos” hacía referencia a la casa y a todo lo que contenía. “Nemó” era el administrador de esa casa. “Okomos” sería algo así como la “administración de la casa”, la acepción más básica de Economía.

    Ahí, más que nunca, hay que poner el foco de atención porque también ahí reside la clave.

    Internet y la tecnología son elementos que marcan y transforman no solo las relaciones sociales, también la forma en la que las personas observan y conceptualizan el mundo, los estados y la interacción global.

    El conjunto de las sociedades modernas constituyen, en su mayor parte, un mismo mega sistema.
    La concepción modernizada del humano y el mundo debería poder acercar la realidad fenoménica a conceptos de ética más elevados, más cercanos a una realidad nouménica. No sé si ya existe un nombre para la concepción de la realidad de la experiencia/existencia humana integrando el concepto de medio ambiente y recursos finitos del planeta Tierra. ¿Realidad pangeaménica?

    Últimamente le doy vueltas a varios conceptos, y para no soltar un ladrillo, los dejo por aquí (quizás haya quien quiera comentar) y me retiro a un lado.

    La Realidad sucede. Se asienta a sí misma en un proceso constante de cambio y reafirmación, pero no es estática. Y no es absoluta.
    Hay que ser conscientes de que en el paradigma de la realidad están incrustadas todas y cada una de las aristas de la propia trayectoria de la humanidad, validándose la mayoría a sí mismas y generando la más grande de las trampas y falsedades: “El mundo es así”
    En el imaginario se quedan anclados de esta manera procesos que lastran el propio progreso social de la humanidad. Es por esto que, por ejemplo, cuando uno ve una imagen de un barrio pobre de la India, la observa de manera familiar, la imagen está aceptada: “Es su cultura, la India ES así”. Le otorgamos validez por el mero hecho de estar familiarizados con esa realidad. Pero lo cierto no es que la India sea así per se, tiene más que ver con la pobreza y la falta de alimento de una gran parte de su población que con que “sea la India”. Puedo asegurar que la propia gente que sufre esa pobreza y hambre desearía salir de ella, por mucho que desde el otro lado del mundo se invisibilice su condición desde esa propia imagen asimilada: El hambre y la pobreza en este caso está integrada en un estereotipo de la cultura y forma de vida india. “La India es así”. Y esto contribuye a perpetuar este estado. Yo no puedo no echarme las manos a la cabeza por estas cosas.

    Uno de los datos que más me llama la atención en medio de este confinamiento nada tiene que ver con él y es el siguiente:
    EN EL MUNDO SUCEDEN UNA MEDIA DE 30000 (¡TREINTA MIL!) MUERTES RELACIONADAS CON EL HAMBRE CADA DÍA (CADA DÍA). Casi 11 millones de personas al año. Cada cinco años, más de la población del estado Español… Por hambre.
    ¿cuál es la razón de no considerar esa situación como motivo de decretar un estado de alarma generalizado como el actual? La única razón es esa asimilación, y por lo tanto deshumanización, de la realidad.

    Sea como sea el resultado siempre es el mismo, la realidad se valida a sí misma constantemente, y el estado de hambre y pobreza endémica de algunas regiones, como tantas otras realidades, la tenemos totalmente asimilada, incrustada, perpetuándola.

    Las sociedades consumen dando la espalda a este tipo de evidencia.

    No cometamos el error de “filosofar” y construir un pensamiento crítico obviando también estas evidencias porque nos convertiríamos en lastre y cómplices en lugar de motor.

    El funcionamiento de las masas y la asimilación de estos desequilibrios daría para muchas páginas de análisis de los porqués… pero he descubierto recientemente que la pregunta que me lleva por caminos más interesantes y constructivos es “¿cómo?” mucho más que “¿por qué?”. “¿por qué suceden las cosas?” me lleva a justificar mientras que “¿cómo suceden las cosas?” me lleva a analizar de una manera más horizontal, desde la actualidad, el momento presente. Pone de manifiesto los mecanismos, las afecciones, los beneficios; puede ser origen de una mirada más integradora de la realidad del momento presente en todos los sentidos. Desarrollar los “¿cómo?” renueva y revitaliza los “¿por qués?”, los refunda y ancla al presente.

    En términos económicos y políticos estas “incrustaciones” en la percepción de la realidad son las que justifican las prácticas contradictorias de las sociedades capitalistas actuales. Estas incrustaciones son herencia del proceso de globalización económica, llevada a cabo a lo largo de la Historia y establecida basando sus mimbres en el sometimiento, resultando en un reparto desigual de la riqueza e influyendo directamente en un desarrollo económico y social que no representa los conceptos éticos más elementales de la vida entre las personas dentro de las sociedades modernas occidentales.

    Vuelvo a incidir en la imperiosa necesidad de desarrollar vías de pensamiento creativo, moderno y vanguardista. Revalorar la Ética y reivindicar su importancia como guía mundial en detrimento de la supremacía del capital y del estado del bienestar no sostenible, resultante de existir en un concepto de paradigma excluyente de las realidades de las sociedades y economías más desfavorecidas.

    A menudo nos refugiamos en el propio Estado como si las fronteras éticas residieran únicamente ahí, cuando la realidad es que el Estado suspende al defender y desarrollar los conceptos éticos de la mayoría. La ética que sostiene el estado está dictada por la economía y sus resultados, no al revés.

    Un ejemplo claro de la contradicción ética del Estado español, para explicar parte de cómo todo se entrelaza para conformar una realidad torcida, es el siguiente. Actualmente un empresario puede comercializar ropa confeccionada en fábricas extranjeras que, de estar emplazadas en territorio español, serían ilegales en términos de derechos humanos (en muchos casos) y también económicos. Dicho de otro modo, si esa “barbarie” social se llevase a cabo en España, se perseguiría y prohibiría la venta de esos productos. Sin embargo parece que ampararse en las “reglas del mercado” mundiales en las que los estados capitalistas defienden sus estados de bienestar por encima de la ética solventa el dilema social porque las sociedades delegan en sus Estados para que velen por su ética… que es “blanqueada” mediante las prácticas comerciales internacionales.

    Nada nuevo bajo el sol, ya lo sé, pero este es un foro de filosofía y esta necesita de valentía, de decencia y de consciencia, conciencia y atrevimiento.
    Querría poner esto en valor.

    Para terminar solo dejar una reflexión más.

    Otra cuestión que este confinamiento pone de manifiesto es que, pese a lo difícil que pudiera parecer antes del mismo, el mundo puede “parar”. Ha ocurrido. Está ocurriendo. El mero hecho de haber sucedido ya lo convierte en una posibilidad futura tangible; para lo bueno y para lo malo.

    ¿Soy yo el único que se imagina la posibilidad de una convocatoria de huelga general a nivel internacional? Me da hasta gustito lo potente que suena eso.
    Hoy en España se habla de una renta mínima, por ejemplo… ¿y si se trasladara esa cuestión al debate internacional? ¿qué le parecería, por ejemplo, a la población en Bangladesh o el Congo la idea de una renta mínima?

    Lo cierto es que la macro economía marca la senda a los estados y las sociedades de los diferentes estados no han desarrollado herramientas de regulación directa sociedad-economía. Quizás solo hacía falta un “problema” en común para que se empezasen a desarrollar esas herramientas.

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  15. jesusmmorote Autor de la entrada

    Estimado amigo, cuando tuvieron lugar los Pactos de la Moncloa yo tenía 21 años. Ya entonces trabajaba y lo he seguido haciendo hasta el día de hoy, en que continúo produciendo según mis capacidades; no me queda otra hasta que la edad me lo impida.
    Aquellos Pactos supusieron una refundación del Estado en muchos aspectos, fundamentalmente en tres. Por un lado, una profunda reforma del sistema tributario (entonces se diseñó el hoy vigente) que se concretó más adelante en las reformas de Fernández Ordóñez. Por otro lado, una reforma de las relaciones laborales, que tomó cuerpo en el Estatuto de los Trabajadores. Finalmente, una reforma de la estructura territorial del Estado (Comunidades Autónomas). Todo ello se fue instrumentando a partir de la Constitución de 1978.
    Cuando en mi artículo hablo de refundar el Estado, estoy hablando de revisar el Estado surgido de los Pactos de la Moncloa, cuyo modelo me parece agotado actualmente, por la diferente situación internacional y por la evolución social y demográfica de España desde entonces.
    Pero para eso no se puede andar a ciegas. Una refundación del Estado puede tener lugar de dos formas diferentes: o mediante un acuerdo social o mediante la vía rupturista de una Revolución. Pero en ambos casos se necesita un armazón teórico para evaluar las distintas opciones bajo la óptica de cuáles son los fines del Estado en la sociedad. No pienses que los artífices de los Pactos de la Moncloa de 1977 no tenían en mente las propuestas más asentadas de Filosofía Política (Kant, Hegel, Marx y tantos otros) así como los modelos existentes entonces en otros países con mayor o menor éxito cara a la efectiva realización en la práctica de los fines del Estado.
    Por ello, para que la transformación del Estado pueda ser efectiva, se necesita que los ciudadanos y los partidos políticos tengan algunas ideas claras. Me parece que los partidos tradicionales de Gobierno (PP y PSOE) no han sometido a crítica filosófica sus planteamientos antiguos, porque les ha ido muy bien con el Estado actual, en un régimen de alternancia en el poder y, por tanto, miran nostálgicamente al pasado, con el riesgo de, como la mujer de Lot, convertirse en estatuas de sal al mirar hacia atrás.
    Solo Podemos y Vox parecen tener las ideas claras, se compartan o no sus postulados, basados en diferentes ópticas de Filosofía Política.
    Por tanto, me parece conveniente analizar las posibilidades en juego, no solo desde fundamentos filosóficos, sino desde nuevas realidades políticas, como las del Extremo Oriente, que en 1977 no estaban en el panorama; porque limitarse simplemente a invocar, como si fueran a tener efectos taumatúrgicos, el consenso, el acuerdo o la frase mágica “Pactos de la Moncloa” (léase el editorial de hoy de El País) es un juego fútil y no una forma seria de afrontar una crisis de la magnitud de la que vivimos.
    Un saludo.

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  16. Anónimo

    Esta claro que el esfuerzo no sólo es para los sanitarios, debe ser repartido ese es el fundamento de Pacto de Moncloa o de chiquillos porque ese es su comportamiento, que no me han avisado, que no me dijeron, que fulanita nos ha insultado (los que no se oyen a sí mismos), etc. Ni Kant, ni Hegel ni Marx, ni Borrell, o nos arreglamos o….

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