¿La literatura nos hace mejores personas?

Tasia Aránguez

¿Cuál es el balance ético que nos proporciona la literatura? ¿Acabamos siendo mejores personas cuando en ella nos sumergimos? ¿O nos vemos arrastrados por la estética de las pasiones en ella relatadas y que son de dudosa moralidad? ¿Comprendemos mejor la naturaleza humana ganando en tolerancia y espíritu crítico? ¿O nos vemos adoctrinados por sesgos ideológicos en sus relatos? En esta entrada sintetizo algunos argumentos esgrimidos a favor y en contra.

Argumentos a favor

Comúnmente se señalan dos ventajas que la literatura aporta a las personas: la primera es que nos enseña a leer, hablar y escribir de modo más efectivo; la segunda es que la formación humanística que aporta puede hacernos mejores personas, mostrando las complejidades de la naturaleza humana. De acuerdo con esta visión, la literatura aportará conciencia ética y desarrollará la capacidad de juicio crítico.

Adam Gearey expone que una de las características de la literatura es que logra hacer que el lector sea autor del libro que lee, que sea él mismo y, a la vez, los personajes del libro. La literatura nos permite completar nuestra identidad, aprendiendo de lo leído e incorporándolo a nuestro ser, en un círculo hermenéutico. El filósofo francés Lévinas dio a esto el nombre de “proximidad”, que conlleva un acercamiento a la ética a través de las posibilidades de subjetividad a las que nos abre el otro.

Martha Nussbaum en su obra Justicia Poética, desarrolla ampliamente esta idea. La novela, según la autora, nos interesa por la individualidad de las personas describiendo las cosas, no desde una perspectiva externa de distanciamiento, sino desde dentro, llenas de la significación que las personas dan a sus propias vidas.

Según la autora, el modo a través del cual la novela logra que nos interesemos por la vida de los personajes es el placer, el juego. La capacidad moral depende de la excelencia estética. El juego es algo improductivo que enseña a las personas que no todo en la vida tiene una utilidad. Nos enseña a no encarar la vida con la idea de uso, sino a valorar las cosas por sí mismas. Ello nos permite trasladar esa actitud a nuestras relaciones con los demás.

Nussbaum considera que la novela, al mostrarnos la vida individual de personajes de clases sociales distintas a la nuestra, nos hace reconocer su humanidad, nos acerca a sus amores, aspiraciones y a su mundo interior. También nos permite ver su pobreza y cómo las condiciones laborales o estructurales opresivas afectan a esas aspiraciones y emociones. La novela que nos muestra a estos personajes permite ver que la libertad requiere condiciones materiales y puede ser estrangulada por la desigualdad material; esto inspira compasión y pasión por la justicia.

En conclusión, Nussbaum sostiene que la novela permite al lector comprender las circunstancias sociales y personales relevantes para la elección social, así como aspectos comunes a los seres humanos como la muerte, el deseo de aprender y la familia. La novela nos acerca al ideal de igualdad y dignidad de la vida humana.

Desmond Manderson, acorde con la opinión de los autores citados, considera que la estética permite medir adecuadamente el alcance de los hechos. La imaginación alentada por la estética, dice, permite vislumbrar a alguien en el corredor de la muerte que espera para morir, sentir la inminencia de su propia muerte, su lenta espera institucionalizada, su aislamiento progresivo, su progresiva pérdida de la esperanza; nos permite vislumbrar la apertura de la puerta y los demás signos físicos que anticipan su muerte.

Argumentos en contra

Frente a la tesis de que la literatura tiene incidencia sobre la moral y puede humanizarnos, se encuentran tesis opuestas como que la literatura no tiene ninguna incidencia sobre la moral o que la literatura tiene una incidencia sobre la moral, pero esta es negativa, de modo que en lugar de contribuir al desarrollo moral, aporta valores egoístas.

Richard Posner considera que la literatura, en general, no nos hace ni mejores ni peores personas. Posner expone una serie de argumentos contra la tesis de la capacidad humanizadora de la literatura. Un primer argumento es el de que la Alemania del siglo veinte, que era una nación muy culta e ilustrada tanto en filosofía como en otras disciplinas no supo rechazar la iniquidad moral. Muchos intelectuales que apoyaron a Hitler habían estudiado el pensamiento, también “edificante”, de Schiller. Los catedráticos universitarios, sostiene Posner, no destacaron por su oposición a Hitler.

Otro argumento de Posner contra la tesis “edificante” es que el arte posee ciertos valores opuestos a aquellos que son convenientes a la vida política. Los valores adecuados a la política son la colaboración, el consenso y el compromiso; pero el arte requiere exaltación, éxtasis y extremismo. El arte parece presentar cierta tensión con la democracia.

Este segundo argumento de Posner recuerda a la tesis sostenida por Platón de que la literatura no es positiva para el pensamiento moral dado su poder de presentar a malas personas como interesantes y atractivas, y su poder para que simpaticemos con personajes que caen en excesos emocionales. Hoy en día también personas violentas son aupadas a la condición de héroes en el cine y la novela. Según esta tesis de Platón la literatura, no solo no instruye en moral, sino que contamina la moral del lector.

Un tercer argumento es que los catedráticos de literatura y otras personas inmersas en las artes no parecen ser más altruistas que otros grupos de personas. Por el contrario, parece que la inmersión intelectual genera en ocasiones sentimientos rencorosos de superioridad personal, alienación y resentimiento contra la gente no ilustrada.

Otro argumento que resalta el autor es que en las grandes obras de la literatura universal encontramos abundante presencia de temáticas poco edificantes tales como la violación, el pillaje, el asesinato, el sacrificio humano y animal, el concubinato y la esclavitud. También encontramos misoginia, antisemitismo, homofobia, racismo, defensa de formas políticas autoritarias, imperialismo, colonialismo, oscurantismo religioso, militarismo, violencia, tortura, mutilación y criminalidad. Encontramos alcoholismo y drogadicción, prejuicios varios, sadismo, pedofilia, crueldad, rechazo hacia el pobre, el anciano, el enfermo, hacia las personas que trabajan para vivir, hacia los abogados y hacia la democracia. Sostiene Posner que el mundo de la literatura es un caos moral y que, si la inversión en la misma enseña algo relacionado con la moral, es relativismo.

Posner señala que la novela realista, género que reivindica Nussbaum por sus aportaciones morales, coincide con la ascensión de la clase media y se centra en la narración de actividades y experiencias cotidianas. Pero lo común y corriente, sostiene Posner, no es equivalente a lo igualitario.

Un quinto argumento es que la literatura realiza un retrato especialmente negativo de colectivos tradicionalmente oprimidos como negros, homosexuales, judíos, mujeres y enfermos mentales. Estos prejuicios son reflejo de las culturas en las que las obras fueron escritas.

La conclusión de Posner es que el contenido ético es tan solo material para el escritor, al igual que la piedra que utiliza el escultor. Un lector puede aceptar la presencia de una moral pasada en una obra al igual que acepta descripciones de tecnología obsoleta y otras costumbres del pasado. Posner considera que juzgar una obra pasada desde la óptica de la ética del presente implica una actitud que podría calificarse de “etnocentrismo histórico”.

La literatura no debe ser censurada ni controlada por el Estado, pues corresponde al mundo cultural y no al mundo político. Asignar a la literatura la tarea de promover valores políticos y morales es hacerla candidata para la regulación jurídica bajo la reclamación radical de que todo es político.

Maria Aristodemou, en las antípodas ideológicas de Posner, expone otros argumentos contra la tesis de que la literatura humaniza al derecho. La autora señala que, además de cuestionarnos si la literatura transmite una moral positiva, debemos preguntarnos cómo se educa la moral. Incluso si aceptásemos que la novela contiene conocimiento sobre ética, Aristodemou sostiene que el conocimiento sobre ética no nos hace mejores personas per se. No parece que el comportamiento moral surja del mero conocimiento. En este sentido, conocer cómo es la vida de una persona que habita en circunstancias muy distintas a las nuestras no tiene por qué generar una mejora en nuestra actitud moral hacia sus circunstancias.

George Orwell, a pesar de ser un escritor didáctico, presentó un argumento que se ha criticado usualmente a la novela como género. Es el argumento de que la novela es un género individualista que no se preocupa lo suficiente por la acción colectiva y el cambio institucional, y que funciona más como paliativo de los pobres, como entretenimiento que aporta un poco de ocio. Aristodemou recuerda que dicho argumento también lo sostuvo el marxismo, al decir que la novela contribuía a perpetuar la ideología de la clase media; el feminismo vio en la literatura la preferencia del hombre sobre la mujer; la crítica LGBT considera que la literatura perpetúa el modelo heterosexual; la crítica poscolonial señala el eurocentrismo.

En este sentido Edward Said encontró que la novela ha estado implicada en la construcción de los imperios. La literatura ha impartido la superioridad moral de la cultura blanca; una superioridad ideológica que es tan importante para la supervivencia del imperio como la superioridad económica, legal y militar. El derecho realizó en la colonización una función complementaria a la literatura, defendiendo un individuo neutral, universal y objetivo. La ideología del derecho hizo que la coerción pareciese inevitable. Por lo tanto, en opinión del autor, los textos literarios y legales coexisten y se superponen, sustentándose y reforzándose entre sí y contribuyendo a establecer una visión del hombre, de la mujer y del mundo.

La literatura, destaca Aristodemou, es un poderoso medio de perpetuación del statu quo, mejor incluso que los mecanismos represivos como la policía y el derecho penal. Como el derecho es percibido como una fuerza externa y opresiva, es menos persuasivo que la literatura; máxime porque ésta es independiente de las instituciones sociales y las convenciones, lo que le da un aura de neutralidad. La literatura no es inocente.

Balance final

Es posible encontrar un punto medio entre ambas perspectivas que, en mi opinión, expresa adecuadamente la complejidad que la influencia de la literatura tiene sobre el lector.

A pesar de los argumentos antes expuestos, Aristodemou admite que la literatura puede contribuir a desarrollar el espíritu crítico ofreciendo modos de pensar alternativos. Pero, matiza, ello implica leer ya con espíritu crítico, cuestionando los mensajes ideológicos escondidos en los textos. La clave está en no olvidar que la literatura no solo refleja la realidad, sino que también participa en su fabricación y contribuye a construir nuestro sentido de lo que es natural, sentido común o inevitable.

Nussbaum reconoce que la literatura puede presentar imágenes distorsionadas de las mujeres o de minorías religiosas o raciales, también acepta que en ocasiones la novela se muestra servil con las jerarquías sociales. Una novela puede conducirnos a sentir emociones como rabia, rechazo o amor, en sentidos éticamente repudiables. Por eso, sostiene Nussbaum, es necesario seleccionar con espíritu crítico las novelas que leemos y debatir sobre ellas con otras personas. Sin embargo, matiza sensatamente Nussbaum, no es necesario considerar que una novela es por completo políticamente correcta para que una parte de sus contenidos nos resulte valiosa en sentido político.

Puntos de apoyo

Adam Gearey: Law and Aesthetics

Martha Nussbaum: Justicia poética

Desmond Manderson: Songs Without Music, Aesthetic Dimensions of Law and Justice

Richard A. Posner: Law and Literature

Maria Aristodemou: Law and literature, journeys from her to eternity

Edward Said: Orientalism.

3 pensamientos en “¿La literatura nos hace mejores personas?

  1. tasia1987 Autor de la entrada

    Planteas un tema muy interesante, Isabel Baleato, yo también creo que escribir es terapéutico. Hal Foster (“Obscene, abject, traumatic”) sostuvo que escribir es una forma terapéutica de reaccionar frente a un trauma, el surrealismo sería un modo de sublimación, y “la novela es una manera artística de tratar lo abyecto, que consiste en mostrar una experiencia que no es experiencia, al menos no puntualmente, pues viene demasiado pronto o demasiado tarde, que debe ser reconstruida después del hecho, al menos analíticamente. A menudo en el cine o la novela la acción se mueve erráticamente de modo ambiguo, acorde con la lógica del trauma. El trauma es un evento que garantiza al sujeto, a pesar de la tragedia personal, estamos ante un superviviente, un testigo”. “Donde hay un sujeto de trauma hay una existencia más profunda, con autoridad absoluta para testificar de su vida, pues nadie puede cambiarse en el lugar traumático del otro, uno solo puede creer o no creer, se identifique o no. En el discurso del trauma el sujeto es eliminado y elevado simultáneamente. En este sentido sirve como una mágica resolución de los imperativos contradictorios de la cultura contemporánea. El imperativo del conocimiento de una subjetividad rota en una sociedad rota, y el imperativo de afirmar la identidad incluso a costa de los otros. Hoy, treinta años después de la muerte del autor, somos testigos del extraño renacimiento del autor como un zombie, como una condición paradójica de su autoridad ausente”.

    Hugo, tomo nota de tu blog, es un punto de vista interesante, pronto publicaré un artículo sobre Schiller que sí sostiene que el arte es moralmente positivo para la humanidad, vista de manera global (ambas tesis son aventuradas, en mi opinión).

    El libro de Posner está traducido, pero intenté comprarlo y estaba descatalogado, así que lo pedí en inglés. Lo mismo encuentras la traducción en alguna biblioteca.

    Gracias por comentar.

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  2. isabel baleato

    Enhorabuena por el análisis que has hecho sobre el impacto que la literatura puede tener en el lector. Yo creo que ver la realidad desde distintos puntos de vista siempre es enriquecedor, aunque también puede ser, como todo medio de comunicación, un método de adoctrinamiento.
    Yo, por rizar el rizo, añadiría la relación de la literatura con el que escribe, es decir, ¿qué efecto causa en el escritor el hecho de crear todo un mundo de ideas y escribirlo ordenadamente? Pienso que escribir es algo terapéutico, a veces incluso necesario para algunas personas, y que ya desde los centros de secundaria se debería fomentar la escritura entre los alumnos.
    Sólo es mi opinión, creo que una persona que escribe sus emociones o sus ideas en un papel y las da a conocer nunca será una persona manipulable.

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  3. Hugo

    Buen texto 😉

    Hace unos años leí un trabajo muy interesante al respecto, el cual relacionaba el estudio o la afición a la literatura con una mayor propensión al ateísmo: “Humanities and social sciences, much more than biological and mathematical sciences, challenge you to imagine the world through the eyes of others. And this exercise in imagination undercuts religious dogma far more effectively than any science lesson can” (http://www.patheos.com/blogs/epiphenom/2010/05/studying-science-doesnt-make-you.html).

    En contra, sin embargo, recuerdo que Aldous Huxley, por boca de uno de sus personajes de “La isla”, venía a decir algo así como que la literatura tiende a alienarnos del “aquí y ahora”, a experimentar sensaciones a través de otros, sin los cinco sentidos, etc.

    Mi opinión actual es también la del punto medio. No obstante, mi perspectiva es macropesimista o entrópica, que suena más interesante, je… (es decir, pesimista en lo grande, a gran escala, estadísticamente, en el largo plazo, etc.). Como dice Roger Shattuck en “Conocimiento prohibido”: “La investigación científica, la libertad de palabra, la autonomía del arte y la libertad académica unen sus fuerzas (…) para llevarnos más allá de nuestra capacidad, en tanto que agentes humanos, para controlar nuestro destino. Nuestros mayores bienes nos confunden”. Es decir, a pequeña escala y a corto o medio plazo la literatura tiene un potencial liberador y enriquecedor nada desdeñable, y de ahí que, en mi opinión, haya que promoverla, pero como sucede con tantas otras cosas (Internet, la propia escritura, la agricultura, la tecnología, etc.), su aporte total a la humanidad y a la biosfera será con mayor frecuencia negativo que positivo. Esta idea, que no es original pero sí un tanto aventurada, la desarrollo algo más en mi blog (http://losmonostambiencuran.blogspot.com.es/2015/01/la-improbabilidad-del-bien.html).

    Un saludo y a seguir bien. Me apunto el libro de Posner, a la espera de que lo traduzcan 😛

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