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“La percepción del cambio” de Henri Bergson (II)

Jesús M. Morote

Como vimos en la conferencia precedente, Bergson pretende poner fin a las distintas visiones del mundo que presentan las diferentes corrientes filosóficas. Poca relevancia tendría esa larga discusión, ese perenne debate entre cosmovisiones contrapuestas e irreconciliables, si solo se tratase de especulación. La cosa, sin embargo, es mucho más seria. Aunque en 1911, cuando Bergson pronunció estas conferencias en Oxford, todavía estaban por llegar las más terribles consecuencias derivadas de la lucha entre visiones del mundo fundadas en una Metafísica fuerte, como la de Platón (una Metafísica de los conceptos que sustituyen a los entes, de la sustitución de lo único real, lo percibido, por una abstracción arbitraria de lo percibido, o sea, lo concebido), es decir, las dos guerras mundiales, Auschwitz, Hiroshima y el Gulag, ya se podía detectar en el ambiente social, económico y político, la olla a presión de rivalidades ideológicas (es decir: metafísicas) en que se estaban convirtiendo las sociedades occidentales, con el arraigo de los nacionalismos, los suprematismos raciales, los socialismos, los comunismos, los anarquismos y los integrismos reaccionarios, dando lugar a crecientes conflictos entre todos ellos, lo que, para un observador atento e inteligente como Bergson, no podía pasar desapercibido ni dejar de inquietarlo con las perspectivas de un negro futuro.

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“La percepción del cambio” de Henri Bergson (I)

Jesús M. Morote

Presento en esta entrada y en otra que aparecerá posteriormente la traducción de dos conferencias que pronunció Henri Bergson en la Universidad de Oxford en 1911 sobre el tópico metafísico del movimiento y el cambio. Aunque la Metafísica, en sus orígenes, se configuró como la ciencia que está “más allá” de la Física, como una especie de sustrato de los fenómenos físicos que intentaba dar razón de aquello a lo que no alcanzan nuestros sentidos y que, presumiblemente, explicaría, como ultima ratio, todos los fenómenos del mundo en su auténtica base y fundamento inconmovible, a principios del siglo XX, y desde entonces hasta nuestros días, esa ciencia última (o Primera, según se mire) ya no podía concebirse como fundamento o sustrato de nuestro conocimiento de la realidad, sino como meras premisas ideológicas, por lo demás arbitrarias, en el sentido de carentes de fundamentación, de una concepción del mundo.

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