¿Deben tener derechos los animales?

Tasia Aránguez

En su libro Las fronteras de la justicia, la filósofa Martha Nussbaum reclama que hablemos de justicia y de derechos de los animales. En relación con esta cuestión, la filósofa reflexiona sobre una serie de temas que se podrían sintetizar en las siguientes preguntas: ¿Por qué debemos hablar de justicia y no de compasión?, ¿la obligación de justicia es hacia los animales o hacia las especies?, ¿deberían ser los miembros individuales de una especie en peligro de extinción objeto de una consideración especial?, ¿deben tener derechos todos los animales?, ¿tanto los perros como los mosquitos?, ¿los derechos de los animales implicarían que los humanos les garantizasen alimentación, sanidad y hogar a todos los animales del mundo?, ¿es ético que haya animales en zoos y animales domésticos?, ¿cuál es la manera de controlar la superpoblación de una especie animal en un hábitat?, ¿es preferible la introducción de “depredadores naturales” o la caza humana?, ¿es moralmente correcto practicar la eutanasia a un animal muy enfermo y anciano?, ¿es moralmente correcto matar animales para alimentarnos?, ¿cuál podría ser la lista de derechos de los animales? A continuación expongo, como si se tratase de una entrevista, una síntesis de las reflexiones de Nussbaum sobre estos temas.

¿Por qué debemos hablar de justicia y no de compasión?

Existe una importante distinción, sostiene la autora, entre el hecho de que un animal muera de una enfermedad que no es culpa de nadie, y el hecho de que un animal esté siendo cruelmente tratado por los seres humanos. Ambos casos nos despiertan compasión, pero el territorio de la justicia es el de los derechos básicos. La respuesta adecuada implica una compasión especial, una compasión que se centre en la acción indebida y vea en el animal tanto un agente como un fin en sí mismo.

Para Kant, sólo la humanidad y la racionalidad son merecedoras de respeto y admiración; el resto de la naturaleza no es más que una gran caja de herramientas. Sin embargo, el enfoque de Nussbaum, que se inspira en el Aristóteles biólogo, considera que existe algo maravilloso y admirable en todas las formas de vida compleja existente en la naturaleza. La moralidad y la racionalidad humanas se ubican dentro de la animalidad, y dicha animalidad tiene dignidad.

¿La obligación de justicia es hacia los animales o hacia las especies?

Nussbaum señala que las especies suelen estar en peligro de extinción porque los seres humanos matan a sus miembros y dañan su entorno natural. En este caso, el daño que se inflige a la especie se produce, en realidad, a través del daño infligido a sus individuos. Los animales son sujetos de justicia en tanto en cuanto son animales individuales que sufren dolor y privaciones.

¿Deberían ser los miembros individuales de una especie en peligro de extinción objeto de una consideración especial?

La atención destacada al hábitat es importante, según la autora, no tanto por razón de los individuos futuros que todavía no han nacido, como por la de continuar el modo de vida de los individuos actuales.

¿Deben tener derechos todos los animales?, ¿tanto los perros como los mosquitos?

Nussbaum es consciente de que matar a un mosquito no supone el mismo daño que matar a un chimpancé, y se pregunta cuál es la diferencia entre un caso y el otro. La filósofa considera que, al igual que somos capaces de admirarnos con las características maravillosas de las distintas formas de vida, hemos de sentirnos afectados cuando dichas características se ven interrumpidas. Cuanto más compleja es una forma de vida, más capacidades valiosas se pueden malograr y mayores son los tipos de daño que puede padecer.

No se malogra nada cuando se priva a un conejo del derecho al voto o a un gusano de la libertad de ejercicio religioso. El nivel de vida en cuestión es relevante para determinar el grado de daño que puede sufrir una criatura.

¿Entonces es ético matar mosquitos?

Matar un mosquito parecería ser un acto de maldad mínima, porque en principio el mosquito no siente dolor. Parece que el daño que supone el hecho de matar a un ser vivo varía según la forma de vida de éste. Así, el daño de acabar indoloramente con la vida de un pez parece de menor gravedad que el que se produce cuando se mata a una vaca, dado el alto desarrollo emotivo y racional de esta última. En el caso de una rata, el daño no es comparable al de matar a un perro sano; una rata tiene muchos menos intereses y capacidades que puedan verse frustrados. No obstante, siempre que tengamos a nuestro alcance una solución distinta para el problema-como la esterilización- será preferible desde el punto de vista moral. Matar a un ser vivo siempre es un daño que debemos tratar de evitar.

En caso de que para protegernos de enfermedades, para proteger a otras criaturas o a nuestros cultivos nos veamos obligados a matar animales de bajo nivel de sensibilidad, debemos intentar que su muerte sea lo más indolora posible, y estudiar primero métodos no violentos que permitan solucionar el problema.

¿Si un chimpancé puede tener más capacidad de empatía y de pensamiento que un niño muy pequeño o que un niño discapacitado, el hecho de pertenecer a la especie humana es moralmente irrelevante?

Nussbaum considera que la especie sí es relevante, porque la comunidad a la que un individuo pertenece influye sobre el potencial desarrollo de florecimiento. Esas posibilidades de desarrollo también son relevantes para los miembros de una especie que conviven con otra. Los tigres de un zoo de Bronx juegan con una pelota grande en lugar de cazar gacelas. El invento parece dejar satisfecho al tigre. De hecho las personas que tienen animales depredadores domésticos ya conocen estratagemas de este tipo.

¿Los derechos de los animales implicarían que los humanos les garantizasen alimentación, sanidad y hogar a todos los animales del mundo?

Parece coherente, sostiene Nussbaum, afirmar que la comunidad humana tiene la obligación de abstenerse de cometer ciertos daños especialmente atroces contra los animales, pero no que esté obligado a sostener el bienestar de todos los animales, es decir, a garantizarles una alimentación, un hogar y una sanidad adecuados. Es posible que corresponda a las propias especies la tarea restante de garantizar su propio florecimiento.

No obstante, son innumerables los animales que viven bajo el control directo de los seres humanos: animales domésticos, de granja o pertenecientes a especies salvajes que se hallan cautivos en parques zoológicos. Los humanos son directamente responsables de la nutrición y el cuidado sanitario de estos animales.

También puede que nos parezca que los animales que viven en la “naturaleza” hacen su vida sin verse afectados por los seres humanos. Pero es evidente que no es verdad, los seres humanos inciden por todas partes en el hábitat de los animales y condicionan las oportunidades de nutrición de éstos, su libertad de movimientos y otros aspectos de su florecimiento.

Por otra parte, la intervención humana resulta, en realidad, necesaria para mantener el equilibrio de la naturaleza. En muchos casos, disponemos, además, del poder de salvar a animales que, de no ser por nuestra intervención, morirían de enfermedad o por las secuelas de alguna catástrofe natural.

La mejor forma de ayuda es una que preserve y potencie la autonomía y no la dependencia. De nada sirve afirmar que debemos dejar que los tigres florezcan a su modo, porque la actividad humana afecta inevitablemente a las posibilidades que hasta el tigre más remoto tiene de florecer.

¿Es ético que haya animales en zoos y animales domésticos?

La filósofa considera que el uso inteligente y prudente de parques zoológicos y otros espacios cerrados puede utilizarse para proteger animales y proporcionarles vidas dignas. Este tipo de intervención es necesaria cuando la actividad humana ha imposibilitado la supervivencia de dichos animales en libertad.

Los animales domésticos plantean especiales problemas en este sentido. Existe una cierta visión romántica de estos animales desde la que se considera que son prisioneros de los seres humanos, que los trata como simples objetos de su propiedad. Lo mejor que les podría ocurrir, según este modo de ver las cosas, sería que se les dejara en libertad para que vivieran conforme a los designios de la naturaleza.

En la realidad, sin embargo, existen multitud de especies de animales para los que no es factible una existencia floreciente viviendo libremente en la naturaleza, puesto que han evolucionado a lo largo de milenios en simbiosis con los seres humanos.

La alternativa sensata desde el punto de vista moral es tratarlos como compañeros que precisan de una tutela prudente, pero que están dotados de derechos propios, aunque los ejerzan a través de la tutela. Estos animales no deben ser, en ningún caso, tratados como objetos o propiedades.

¿Cuál es la manera de controlar la superpoblación de una especie animal en un hábitat?, ¿es preferible la introducción de “depredadores naturales” o la caza humana?

La filósofa considera que los “depredadores naturales”, como por ejemplo introducir lobos para controlar a los alces, es desde el punto de vista de los individuos animales, tan malo como la caza y puede que peor, pues sufrirán probablemente una muerte más dolorosa. La autora considera que habría que aplicar métodos no violentos de control poblacional, como la esterilización, que eviten el sufrimiento de los animales.

¿Es moralmente correcto practicar la eutanasia a un animal muy enfermo y anciano?

Esta solución puede ser moralmente apropiada cuando la alternativa es una vida dolorosa o indigna como puede ser una vida de incontinencia, que hace que los animales se sientan avergonzados e incómodos; pero matiza, no se puede optar por esa posibilidad sólo porque le resulte más conveniente al ser humano de turno (del mismo modo que no nos parecería de recibo matar a nuestros padres ya mayores por ahorrarnos la incomodidad de cuidar de ellos). Probablemente, la eutanasia de animales viejos se realiza demasiado a menudo. También se ha de tener en cuenta que un ser humano puede considerar que vale la pena vivir una vida de dolor y enfermedad que para un animal no tendría sentido vivir.

¿Es moralmente correcto matar animales para alimentarnos?

La mayoría de los animales que matamos para nuestra alimentación son sensibles y normalmente son sacrificados en el momento álgido de su vida o, incluso cuando aún son muy jóvenes, mucho antes de que tengan que enfrentarse a la alternativa de una vida dolorosa y decrépita.

Gran parte del daño que infligimos actualmente a los animales que criamos para nuestra alimentación se produce por culpa de cómo los tratamos en vida, pero no podemos admitir que la muerte, incluso cuando es indolora, no constituya daño alguno.

La filósofa considera que, en términos prácticos, la gente no ha tomado todavía el rumbo que Bentham pensó que tomaría cuando escribió que la opresión de los animales acabaría considerándose algo moralmente abyecto, como la esclavitud. Muchas personas no quieren siquiera dedicar una reflexión seria a este tema porque les gusta comer carne, porque tienen la sensación de que es necesaria para su alimentación y porque están convencidas de que la experimentación con sujetos animales ayuda a prolongar la vida humana.

Por eso Nussbaum sugiere que el camino de lucha más prudente es que nos centremos en la prohibición de todas las formas de crueldad con animales vivos y que luego avancemos paulatinamente hacía un consenso contrario al sacrificio de los animales sensibles que usamos como alimento.

En definitiva ¿cuáles son los derechos de los animales?

La filósofa plantea una lista basada en las capacidades que los animales pueden desarrollar para llevar una vida óptima.

1-Vida. Todos los animales tienen derecho a seguir viviendo, tengan o no un interés consciente por ello, a menos que el dolor y la decrepitud no hagan que su muerte deje de ser un daño para ellos. Este derecho es menos robusto cuando se trata de insectos y a otras formas no sensibles. Aún así sigue estando mal matar gratuitamente a esas criaturas. Los animales tienen derecho a la vida de modo que no se debe permitir su muerte gratuita por deporte, ni se debe matar animales para obtener artículos de lujo como las prendas de piel. También debería estar prohibida toda práctica cruel y dolorosa aplicada al proceso de criar animales como alimento.

2-Salud física. Este derecho requeriría leyes que prohíban el trato cruel y el abandono; leyes que prohíban el hacinamiento y el maltrato de animales en las industrias cárnicas y peletera, leyes que prohíban el trato violento o cruel de los animales que trabajan, incluidos los de los circos; leyes que regulen los zoos y los acuarios y que obliguen a una nutrición y un espacio adecuados dentro de ellos. Lo importante no es sólo que existan estas leyes, sino que se cumplan.

3-Integridad física. Este derecho supone, por ejemplo, que estaría prohibido extirpar las garras a un gato, ya que esto le impediría florecer según su forma característica, o cualquier tipo de mutilación, acciones con el único propósito de acentuar la belleza del animal a ojos de los humanos. La esterilización, sin embargo, sostiene Nussbaum, puede ser positiva para las vidas de los animales previniendo la superpoblación, la escasez y la desatención consiguiente.

4-Placer. Acceso a fuentes de placer, como la libertad de movimientos en un entorno que resulte agradable a sus sentidos. También significa la prohibición de la pesca o caza por puro deporte, ya que ambas infringen muertes dolorosas a los animales.

5-Emociones. Los animales experimentan una amplia diversidad de emociones. Ellos como los seres humanos tienen derecho a una vida en la que tengan abierta la oportunidad de tener apego por otros, de querer a otros y preocuparse por ellos.

6-Dignidad. Los animales tienen derecho a unas políticas mundiales que les garanticen unos derechos políticos y el estatus legal de unos seres dignos.

8-Otras especies. Si los seres humanos deben tener derecho a la capacidad de vivir preocupándose por los animales, las plantas y el mundo natural, también los demás animales tienen derecho a lo mismo con otras especies que no sean las suyas. Esto implica la formación gradual de un mundo independiente en el que todas las especies disfruten de unas relaciones cooperativas y de apoyo mutuo.

9-Juego. Ni que decir que esta capacidad es fundamental para la vida de todos los animales sensibles. Requiere de muchas de las políticas que ya hemos cimentado: la protección de un espacio, una estimulación sensorial adecuada a los lugares en que vive y la presencia de otros miembros de la especie.

10-Hábitat. Es importante el respeto a la integridad territorial en su hábitat, sea éste doméstico o “natural”.

Nussbaum defiende que las Constituciones y documentos internacionales de derechos deberían incluir una cláusula que reconozca a los animales como sujetos de justicia política y se recoja el derecho a una existencia digna de los mismos. El reconocimiento de derechos constitucionales implicaría que éstos estarían facultados para presentar demandas judiciales a través de tutores humanos.


animal_118_20120518_1511321022En mi opinión, las reflexiones de Nussbaum son sensatas y sensibles. Merece la pena destacar las siguientes aportaciones: la reformulación del concepto de racionalidad humana que nos aproxima a otras especies (incluyendo la sociabilidad, la fragilidad, la dependencia, la corporalidad, las emociones, etc), el planteamiento de una lista de derechos que manifiesta un profundo ejercicio de empatía, el planteamiento de propuestas legislativas concretas y la formulación de un orden de prioridades reivindicativas que resulta razonable a día de hoy.

Algo destacable de las reflexiones de Nussbaum es que la autora se moja; se atreve a defender posturas controvertidas dentro del mundo animalista, y otras posturas que son controvertidas en el mundo ecologista. En todo caso, que una filósofa de la altura de Nussbaum hable con pasión sobre los derechos de los animales es algo reseñable.

6 pensamientos en “¿Deben tener derechos los animales?

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  2. tasia1987 Autor de la entrada

    Sí, Nussbaum reconoce expresamente que es deudora de Amartya Sen. La teoría de Nussbaum es un profundo desarrollo teórico del enfoque de las capacidades.

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  3. elías

    Eso de una teoría de las capacidades humanas, pero en el ámbito de la economía, me suena a Amartya Sen. Creo que dicho economista ( premio Nobel) también posee una idea de justicia económica basado en dichas capacidades. Creo que es una muy, pero que muy buena, línea de trabajo.

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  4. tasia1987

    En efecto, Nussbaum defiende una fundamentación de los derechos basada en el análisis de la naturaleza humana. Su visión de la naturaleza humana es la que consiste en la sociabilidad, la dependencia y fragilidad de las personas, y las motivaciones altruistas que necesariamente acompañan a un ser social y vulnerable. Esas son, según la autora, las bases de los derechos humanos, que entiende como capacidades. Las capacidades serían las circunstancias, tanto interiores (tener piernas con las que se puede andar) como exteriores (tener un colegio al que asisitir) que posiblitan el florecimiento de una vida humana, es decir, la plenitud vital que una persona de cualquier cultura aceptaría como razonable. Por tanto, la teoría de las capacidades/derechos humanos es, simultáneamente, un análisis antropológico intercultural “de mínimos”, y una lista que pretende generar consenso intercultural.

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  5. elías

    Hola Tasia

    Felicitarte por este nuevo tema. Como no, tan interesante como los anteriores.

    Verás, si a mi se me preguntara ¿Deben de tener derechos los animales? contestaría, y sin dudarlo un momento, que por supuesto que sí. Ahora bien, si se me preguntara el porqué entonces ya entraríamos en arenas movedizas. Si ya nos cuesta fundamentar los derechos humanos qué decir de los derechos de los animales.

    Y ya que estamos en un foro de filosofía pues vayamos a los fundamentos. En tu artículo se puede leer: “Para Kant, sólo la humanidad y la racionalidad son merecedoras de respeto y admiración; el resto de la naturaleza no es más que una gran caja de herramientas. Sin embargo, el enfoque de Nussbaum, que se inspira en el Aristóteles biólogo, considera que existe algo maravilloso y admirable en todas las formas de vida compleja existente en la naturaleza. La moralidad y la racionalidad humanas se ubican dentro de la animalidad, y dicha animalidad tiene dignidad.”

    Pues bien, lo que desearía saber es si en dicho libro se ahonda en la fundamentación. Y por qué digo esto. Pues por lo digo por eso del Aristóteles biólogo. Y en qué sentido lo digo. El Aristóteles biólogo nos está hablando de valores. Decir que todas las formas de vida compleja existentes en la naturaleza son algo maravilloso y admirable significa que todas esas formas de vida poseen un valor intrínseco.
    Ahora bien, qué tipo de concepción en torno a los valores poseía Aristóteles o el mundo Griego. Pues su concepción era una concepción objetivista de los valores. Es decir, existían una serie de valores ideales y objetivos ( por tanto, eternos e inmutables) y las cosas, en mayor o menor medida, participaban de dichos valores.
    Por tanto, los valores no eran puesto por los sujetos sino que pertenecían de suyo a las cosas. Es decir, en el mundo griego existía un mundo de los valores que era independiente y no puesto por los seres humanos.

    O dicho de otra forma, y si he entendido bien lo que parece decirnos el enfoque de Nussbaum, es que para defender los derechos de los animales hay que aceptar la existencia de un mundo objetivo de los valores. Por tanto, y de ser así, nosotros no estaríamos otorgándole unos derechos a los animales sino que lo más que podríamos, y deberíamos de hacer, es reconocérselos.

    No he leído a Nussbaum y entiendo que no te hayas detenido en el terreno de los fundamentos por lo cual pudiera ser que solo esté divagando. Pero no parecería que Nussban están sosteniendo la idea ya periclitada de la existencia de unos derechos naturales. ¿Me equivoco?

    Un Saludo

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