Sin café no hay Paraíso

Jesús M. Morote

Se acaban de cumplir, el pasado 3 de octubre, 25 años de la reunificación de Alemania. Buen momento para conmemorarlo y hacer alguna reflexión.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, no voy a argumentar con sesudos razonamientos racionales, sino que, siguiendo la tendencia que con frecuencia propone nuestra compañera Tasia, recurriré a los sentimientos, para que nuestros lectores se hagan cargo de lo que supuso esa reunificación. Y saquen sus conclusiones.

Propongo el visionado de un cortometraje de Ingo Rasper, que lleva por título “Dufte“, es decir, “Estupendo“, pero que juega con un doble sentido, pues en alemán “Duft” significa aroma u olor. Como el vídeo está en alemán, aunque con subtítulos en inglés, ofrezco una traducción al español. Vean el vídeo hasta el final, incluyendo los títulos de crédito, acompañados por imágenes, especialmente la última, que ponen el colofón a la pequeña historia narrada en el cortometraje.

DUFTE

(Basado en una historia real)

Narrador: 1952. Los aliados se reparten Alemania. Nos damos entonces cuenta de que lo más absurdo que jamás ha sucedido en Europa está a punto de hacerse realidad: el Telón de Acero. «Y Alemania espera la paz y la reunificación». Todavía no se había construido el Muro, pero la importación de productos desde la Alemania Occidental a la Oriental había sido limitada ya a una pequeña cantidad. «¡Alto! Control de Fronteras. Todos los puntos están vigilados». Y, así, Berlín era el Mundo Mágico para gran número de alemanes orientales. Berlín occidental, situada en medio de Alemania Oriental, se convirtió en una isla de consumo, debido a los americanos, británicos, franceses y soviéticos que vivían allí. Para controlar el creciente mercado negro, la República Democrática Alemana utilizó una policía especial, que registraba los trenes en busca de contrabando, principalmente productos como tabaco, alcohol y café.

Joven 1: No es aquí.

Joven 2: Esto es primera clase. ¡Ey!

Joven 1: Dame tu bolso. Tu bolso.

Joven 2: ¿Tu café? ¿Y ahora quieres que yo..? No puedo hacerlo.

Anciana: ¿Qué? ¿También ustedes de vuelta a casa? Realmente yo no tengo raíces en ningún sitio, pero les confieso que he vivido en Leipzig durante 30 años.

Joven 2: Tengo que salir de nuevo.

Anciana: En realidad, mañana es el cumpleaños de mi marido. Lo celebraremos primero en privado y luego se unirá el resto de la familia desperdigada, durante el fin de semana. Estoy realmente nerviosa. Mi marido quería café en su fiesta y no esos granos tan malos. Así que mi sobrino de Berlín me ha dado un poco. En primera clase no registran, ¿verdad? Al menos eso es lo que dice mi sobrino. ¿Cree usted que pasan de largo en primera?

Joven 1: Seguro que su sobrino tiene razón. Disculpe.

 

Joven 1: La abuelita está de los nervios. Lleva café y no puede cerrar la boca.

Joven 2: Y además apesta a café ahí dentro.

Joven 1: Por favor, no te imagines cosas. Pero el tipo de la esquina, con pinta de soplón, me preocupa.

Voz: Control de documentación.

Joven 1: Vamos a hacer las cosas bien. Echa un ojo al policía. Yo ayudaré a la abuela a esconder su mercancía.

 

Joven 2: Deprisa. Vamos, ya viene.

Joven 1: Me huelen los dedos a café.

Joven 2: ¿Los dedos? Todo esto huele a café.

Policía: ¿Llevan algo de Alemania Occidental o de otros países extranjeros? ¿Armas o aparatos de comunicación? Bien. Documentos de identidad, por favor.

Joven 1: No puede oler nada.

Policía: ¿Quién es el del café? Nadie, entonces sólo queda…

Persona mayor: ¿Por qué no la registra? Ella lleva el café.

Policía: ¡Ah! ¿Dónde? ¡¡Dónde!!

Persona mayor: Arriba, detrás de la maleta grande.

Policía: ¿Y hasta pensaría usted que le iba a funcionar? La mercancía queda confiscada. Y retendré su documentación por el momento.

(“STASI?”: Policía política de la RDA)

Policía: Aquí tiene su documentación. Sea más prudente la próxima vez. Pillamos a todos, ¿está claro?

¿Y qué tiene todo esto que ver con la Filosofía? Los que me sigan en este blog habrán observado que asocio la libertad, que es la facultad para decidir uno mismo sobre su propia vida, con la facultad de disponer uno mismo de sus propios recursos económicos para disponer de ellos a su gusto, y no que sea otro (principalmente mediante el poder coactivo del Estado) el que disponga de los productos del esfuerzo personal para fines diferentes de los que la persona que se esfuerza decida. Eso me ha valido con frecuencia acusaciones doctrinarias de “neoliberal”, “economicista” e incluso “facha”. Al parecer, los valores, e incluso la vida, están para algunos muy por encima del libre intercambio de bienes y servicios; como si fueran cosas diferentes.

Pues bien, el cortometraje que propongo ilustra una cosa: los grandes valores, las Utopías políticas, la Filosofía de la Historia, los Paraísos terrenales que algunos prometen, no dan la felicidad. La felicidad está en otro sitio. La felicidad está en poder degustar cada uno en su casa… una taza de café.

11 pensamientos en “Sin café no hay Paraíso

  1. Pingback: La persistencia del eje político izquierda-derecha (4/4) | La galería de los perplejos

  2. jesusmmorote Autor de la entrada

    Te agradezco la información, Ibaranga. No sabía que los productos peruanos que consumimos en España eran productos robados. A partir de ahora miraré, antes de comprar (por ejemplo, los espárragos, que es lo que ahora se me ocurre), si los productos vienen de Perú, y, si es así, los compraré de otro país, por ejemplo, de aquí, de Tudela. Así no contribuiré a robar a los agricultores peruanos.

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  3. ibaranga

    Parecía poesía el final de tu escrito: “La felicidad está en otro sitio. La felicidad está en poder degustar cada uno en su casa… una taza de café.” Pero era poesía incompleta… porque no llegaste a poetizar sobre todas aquellas que no tenemos casa ni taza para beber ese café robado a las cultivadoras peruanas. ¿Será que no tenemos entonces derecho a la felicidad? 😦 Suscribo las preguntas que plantea Elías sobre “lo propio”. En cualquier caso, Jesús, gracias por compartir el enlace. Saludos.

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  4. jesusmmorote Autor de la entrada

    Ni mucho menos doy por sentado que el derecho de propiedad sea un derecho natural. Se puede vivir en un régimen con propiedad privada y en otro sin ella. En el cortometraje eso queda bastante claro; luego, que cada cual decida qué régimen le gusta más o en cuál de ambos sería más feliz.

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  5. elías

    Dices, Jesusmmorote: “En particular, es esta elección entre usos alternativos lo que nos interesa en nuestro contexto, puesto que se trata de quién elige cómo usarlos. Y ahí es donde entra en juego la libertad individual.”

    Bueno, eso será porque ya das por sentado que el derecho a la propiedad es un derecho natural.

    Nos dices: “…Los que me sigan en este blog habrán observado que asocio la libertad, que es la facultad para decidir uno mismo sobre su propia vida, con la facultad de disponer uno mismo de sus propios recursos económicos para disponer de ellos a su gusto, y no que sea otro (principalmente mediante el poder coactivo del Estado) el que disponga de los productos del esfuerzo personal para fines diferentes de los que la persona que se esfuerza decida.”

    Lo que yo preguntaba es cómo obtiene uno la propiedad de esos recursos ( conquista, herencia, derecho natural, derechos positivo, esfuerzo..) y si está o no justificado el que se puedan obtener derechos propios sobre dichos recursos independientemente de cómo se obtengan.
    Por supuesto que si alguien considera que esos recursos son suyos entonces estará tentado, y con toda la razón, a considerar que será él, ya que él es su propietario, a disponer del modo que desee sus usos.

    ¿Un estado que reconozca el derecho a la propiedad privada ( mis propios recursos económicos) es un estado coactivo? Si el derecho a la propiedad no es un derecho natural sino que es un derecho que otorga un estado cabe hablar de coacción sobre aquellos individuos que no piensan de esa manera. Y si ese mismo estado que otorga graciosamente el derecho a la propiedad establece un deber o un modo de uso de esos recursos por qué se convierte ahora en un estado que ejerce la coacción.

    Por cierto, yo no estoy cuestionando que se pueda hacer uso del usufructo fruto del esfuerzo personal, y no del de otros, sino que lo que cuestiono es la propiedad.
    Es decir, ¿La propiedad de los recursos pertenece a los individuos o a la colectividad?

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  6. jesusmmorote Autor de la entrada

    Te explico, Elías, qué significa “propios recursos económicos”.

    “Propios”: los que tiene cada persona, los suyos.

    “Recursos” (del Diccionario de la RAE): “6. m. pl. Bienes, medios de subsistencia.
    7. m. pl. Conjunto de elementos disponibles para resolver una necesidad o llevar a cabo una empresa. Recursos naturales, hidráulicos, forestales, económicos, humanos”.

    “Económicos”: este adjetivo lo utilizo conforme a la más acreditada definición de Economía como la ciencia que estudia la satisfacción de las necesidades humanas mediante recursos escasos y susceptibles de usos alternativos. Si los recursos no son escasos, sino libremente disponibles por cualquiera en la cantidad que desee, no son “económicos” aunque sean recursos. Si los recursos sólo se pueden utilizar para una cosa, y no son susceptibles de distintos usos alternativos, tampoco son “económicos”. En particular, es esta elección entre usos alternativos lo que nos interesa en nuestro contexto, puesto que se trata de quién elige cómo usarlos. Y ahí es donde entra en juego la libertad individual.

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  7. elías

    Francamente, no entiendo muy bien qué significa “propios recursos económicos”. En cualquier caso se me podría decir cómo adquiere una persona sus propios recursos económicos. O se me podría decir si la forma en que se alcanzan dichos recursos económicos deberían de estar sujetos a algún tipo de leyes jurídicas y/o morales y por qué.

    Se me podría decir qué condiciones se tendrían que dar para considerar que se está produciendo un libre intercambio.
    Así por ejemplo, y dejando a un lado cualquier tipo de connotación moral en cuanto a la prostitución en sí, se podría decir que una mujer o un hombre que se ven abocados a ejercer las prostitución está realizando un libre intercambio con sus clientes. Cuando los agricultores se ven obligados a vender sus productos a un precio de miseria se está ejerciendo un libre intercambio. Qué condiciones de igualdad se deberían de dar para considerar que se ha realizado un libre intercambio.

    Un Saludo

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  8. jajugon

    Sin desmerecer este simpático cortometraje, ni el drama de trasfondo del totalitarismo comunista, ni tu breve reflexión al respecto, a toda brocha gorda exenta de matices se le pueden oponer otras simplificaciones sensu contrario.

    En este sentido, hace poco leía un viejo artículo de J. Gomá que citaba el sarcasmo con el que Anatole France criticaba el triunfalismo del Estado liberal diciéndose admirador de la maravillosa igualdad ante la ley de los hombres libres, que permite a pobres y a ricos dormir bajo un puente o recoger del suelo un trozo de pan abandonado. En nuestro caso, bien podría decirse de la felicidad identificada con tomar una taza de café.

    Como sabes, comparto contigo que, sin duda, la libertad (o todo lo que podamos aspirar al llamarnos “libres”) en buena medida depende de la capacidad para disponer uno mismo de sus propios recursos económicos. Pero como nunca jugamos con valores absolutos aislados sino con jerarquías y equilibrios de valores, como también doy por hecho que compartes conmigo, no parecen menos respetables aquellas posturas que consideran que algunos valores, como por ejemplo la vida – la mera subsistencia – puedan estar por encima del totalmente libre intercambio de bienes y servicios. En los grises nos encontraremos.

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