El ecofeminismo (II): ¿la “crianza con apego” es compatible con el feminismo?

Tasia Aránguez

Continuando con la introducción al ecofeminismo de esta primera entrada, en esta segunda entrada reflexiono sobre la crianza con apego. El ecofeminismo sostiene que la jerarquía social que sitúa a los hombres por encima de las mujeres está unida a una jerarquía de valores. Por encima del cuidado desinteresado se sitúa la lógica de la acumulación. Por encima de la crianza se sitúa el ejercicio del poder.

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Los hombres se ocupan de aquello que el patriarcado considera útil y valioso; y delegan en las mujeres los trabajos considerados insignificantes e invisibles. El feminismo ha avanzado bastante en el logro de la incorporación de las mujeres al mercado y al poder; pero el ecofeminismo no quiere cantar victoria por esos triunfos.

El ecofeminismo se pregunta ¿qué sociedad queremos?, ¿queremos una sociedad basada en la lógica de la acumulación, a la que no le importa la destrucción del medio ambiente?, ¿queremos una sociedad que privilegie el tiempo dedicado a la producción, situándolo por encima del tiempo dedicado al cultivo de las relaciones humanas, a la educación y al cuidado?, ¿queremos una sociedad que considere más valioso el trabajo capitalista que el trabajo útil para el bienestar común?

Dentro del ecofeminismo pueden distinguirse dos corrientes: los ecofeminismos esencialistas y los ecofeminismos constructivistas. Como señala Yayo Herrero, los ecofeminismos de corte esencialista, denominados también clásicos, entienden que las mujeres, por su capacidad de parir, están más cerca de la naturaleza y tienden a preservarla.

naturaleza-de-mujer-espiritualidad-cabala-ieic-bnei-baruch-mexicoEste primer ecofeminismo pone en duda las jerarquías que establece el pensamiento capitalista, revalorizando a los sujetos antes despreciados: mujer y naturaleza. Petra Kelly es una de las figuras que representan a este primer ecofeminismo. Las ecofeministas clásicas otorgan un valor superior a “lo femenino” y reivindican una “feminidad salvaje”.Consideran a “lo masculino” como cultura, en el sentido de que se lo considera una artificialidad que nos aleja de la armónica integración en el medio natural. Este ecofeminismo suele adoptar tesis místicas y dirige la mirada hacia sociedades matriarcales del pasado.

Algunas de las más brillantes aportaciones del ecofeminismo clásico proceden de países del Sur y de pueblos indígenas. A la mujer se la considera portadora del respeto a la vida y se acusa al mal desarrollo occidental de provocar la pobreza de las mujeres indígenas y de destruir la naturaleza. En esta amplia corriente encontramos a Vandana Shiva, María Mies o a Ivonne Gebara.

El ecofeminismo clásico (que, como vemos, entronca con el feminismo de la diferencia) ha sido muy criticado por el feminismo de la igualdad, que sostiene que el feminismo debe oponerse a la vinculación de la mujer con la naturaleza, dado que el patriarcado siempre ha utilizado esa presunta vinculación para legitimar el sometimiento de las mujeres.

Frente al esencialismo propio del ecofeminismo clásico, surge el ecofeminismo constructivista, que defiende que la estrecha relación entre mujeres y naturaleza se sustenta en una construcción social. Es la asignación de roles y funciones que originan la división sexual del trabajo la que despierta esa especial conciencia ecológica de las mujeres.

En esta línea, Bina Agarwal señala que el papel de las mujeres en la defensa de la naturaleza es importante porque son las que se preocupan por el aprovisionamiento material y energético, no porque les guste particularmente esa tarea ni por predisposición genética, sino porque son ellas las que están obligadas a garantizar las condiciones materiales de subsistencia.

Celia Amorós, desde el feminismo de la igualdad, se ha mostrado preocupada por el hecho de que el ecofeminismo podría caer en la “moral de agravios”, es decir, podría limitarse a pedir que se valore más el trabajo en la cocina y con los niños, en lugar de exigir el acceso igualitario a otras esferas de la vida.

abrazoSin embargo, como señala Yayo Herrero, el ecofeminismo no pretende encerrar a la mujer en la casa, aun cuando esta fuese visible, negando su acceso al espacio público; tampoco se trata de responsabilizarla en exclusiva de la tarea del cuidado del planeta y la vida. El ecofeminismo constructivista plantea que hombres y mujeres se corresponsabilicen de los trabajos de supervivencia. El objetivo es considerar que dichos trabajos son valiosos y que deben ser compartidos. El feminismo, según esta corriente, no significa desnaturalizar a la mujer, sino renaturalizar al hombre.

Algunas de las más interesantes reflexiones del ecofeminismo actual consisten en reivindicar la revalorización de los procesos fisiológicos femeninos, históricamente considerado “sucios”. Se defienden la naturalidad de la menstruación, del parto y de la lactancia; y se reivindica el abandono de los estereotipos discriminatorios que condenan el vello femenino mientras que consideran normal el masculino. A la mujer se le exige esconder su corporalidad, mientras que al hombre se le permite exhibirla (por ejemplo, se trata de manera desigual el eructo del hombre y el de la mujer). Lo “sucio” y lo “enfermo” son nociones que operan de manera asimétrica.

Erika Irusta, desde una tesis que podría considerarse un ecofeminismo esencialista, señala que el cuerpo femenino se ha percibido históricamente como falible, poco estable y poco confiable. Durante muchos siglos se apartó a la mujer de la esfera pública alegando que el cuerpo femenino es enfermo y cambiante en el humor. El feminismo de la igualdad, sostiene Irusta, consiguió que el cuerpo femenino no fuese una traba para la conquista del mundo público, promoviendo la idea de que la menstruación no nos debe afectar si queremos triunfar.

Sin embargo, Irusta sostiene que las mujeres tienen un cuerpo con unos cambios hormonales (los hombres también tienen sus propios ciclos hormonales). El cuerpo femenino es tan sano como el masculino, solo que la sociedad capitalista no está hecha para aprovechar la potencialidad de ese cuerpo. Irusta enuncia la tesis, con un lenguaje pseudo-místico, de que el cuerpo femenino posee varias fases (la joven, la madre, la guerrera y la sabia) que hacen a la mujer, alternativamente: locuaz y planificadora; carismática y atractiva; tajante, lúcida y rupturista; o cansada y soñadora. Irustra anima a las mujeres a dejar de odiar su cuerpo, a aceptar esos cambios y a aprovecharlos positivamente.

La maternidad y la crianza

doula1El ecofeminismo ha reivindicado la recuperación femenina del momento del parto, que según dicha corriente ha sido robado a las mujeres por una praxis hospitalaria que considera el parto una enfermedad y a la mujer un número. En opinión de María Llopis, las mujeres son humilladas, sedadas y alienadas; de modo que el parto se vive con horror en lugar de con el placer y el amor que surgen de modo natural con los cambios hormonales propios del momento. Llopis sostiene que existe un instinto maternal que nace en ese momento y que es arrebatado a la mujer por lo aséptico del momento del parto y por el silenciamiento de los deseos y opiniones de las mujeres en un momento tan importante. Iniciativas feministas como “el parto es nuestro” reivindican la conquista del parto por parte de las mujeres.

Junto con la conquista del parto, el ecofeminismo reivindica el disfrute de la crianza con apego. Según esta corriente feminista la maternidad puede vivirse de manera libre y gozosa. Las mujeres pueden experimentar el placer natural de la lactancia y el enorme vículo que nace entre la madre y su bebé. La lactancia a demanda, el colecho y coger al bebé en brazos todo lo que se desee son algunas de las prácticas que forman parte de la crianza con apego y que, según el ecofeminismo, permiten a la mujer disfrutar de un privilegio natural.

La famosa polémica de Carolina Bescansa cuando llevó a su bebé al Congreso visibilizó el debate feminista entre la crianza con apego (que defiende Bescansa), y las feministas de la igualdad como Amelia Valcárcel, que publicó en su facebook el siguiente texto: “carrera desenfrenada hacia los inicios y lo llaman progreso. Bescansa…. descansa” acompañado por una imagen de trabajadoras del sector textil del siglo XIX trabajando a destajo con las cunitas de sus bebés al lado.

García-Vidal Escudero escribió en 2013 un artículo en defensa de la crianza con apego en el que dijo:

“¿Es incompatible la lucha por la igualdad con la lucha por una crianza natural? (…) creo que deberíamos reflexionar sobre el tipo de igualdad que queremos ¿queremos ser iguales para el mercado? (…) La igualdad no pasa por eliminar las diferencias sexuales, la igualdad ha de reivindicar (entre otras muchas cosas) y universalizar los cuidados como parte imprescindible para el sostenimiento de la vida, la igualdad ha de implicar a los hombres”.

Bajo mi punto de vista, las reivindicaciones ecofeministas son positivas para el feminismo porque despatologizan y revalorizan la menstruación, el parto y la maternidad. En cierto modo, las primeras conquistas feministas supusieron la aceptación implícita de una jerarquía de valores creada por el patriarcado. La “feminización” del mundo, entendida como la valoración del cuidado y la empatía (asociados tradicionalmente a lo “femenino”), es imprescindible para construir una sociedad más justa.

Pero también hay que escuchar las advertencias intrafeministas como las de Beatriz Gimeno:

“No ser madre es una elección personal al alcance de muy pocas mujeres en el mundo y se sigue llevando con discreción, casi en soledad, y sobre la que siguen recayendo sanciones sociales. La no-madre se pasará la vida contestando a preguntas que dan por hecho que lo normal es elegir ser madre. (…) Además de los discursos promaternales propios del sexismo, lo cierto es que periódicamente y desde espacios ideológicos feministas aparecen discursos promaternales que ofrecen, supuestamente, nuevas visiones de la maternidad que terminan siendo la de siempre: visiones místicas y voluntaristas en las que se pretende despojar a la maternidad de sus antiguos significados simplemente porque se desea. De hecho, es posible que el discurso mayoritario en este momento dentro del feminismo sea el de una neomaternidad romantizada que en realidad no ha existido nunca antes, pero que se presenta como una recuperación de lo antiguo y de lo más natural. (…) Muchas feministas descubren ahora el placer de la maternidad y lo hacen como si fuese algo novedoso, como si no lleváramos cientos de miles de años siendo madres. Todo se vende con el frescor y el aroma de lo nuevo: el parto natural, la lactancia y los placeres de la maternidad intensiva reaparecen en todos los ambientes y lo hacen con la fuerza de la conversión”.

“Cuando le puse a mamar el primer día la cosa me resultó de lo más desagradable y dolorosa, no me gustó nada y mucho menos me gustaba estar a disposición del bebé cada tres horas sin poder dormir ni descansar (…) la presión a favor de la lactancia es una presión que se encuadra en la cada vez mayor “naturalización” de las mujeres (…) Lo que es malo es presionar a las mujeres, vender la lactancia como el paraíso, usar argumentos naturalistas y biologicistas para encerrar en ellos a las mujeres, no respetar la libertad de elección; es malo hacer de la lactancia una causa de las mujeres”.

Puntos de apoyo

Entrevista a Yayo Herrero “El capitalismo nunca podrá ser verde ni tener rostro humano

Yayo Herrero “Apuntes introductorios sobre el ecofeminismo

Entrevistas a Erika Irustra, “Las mujeres somos cíclicas y podemos habitar en cuatro mundos diferentes” y “Menstruar ¿no es un atraso?”.

María Llopis, “En respuesta al artículo de Beatriz Gimeno sobre la maternidad“.

Laura García-Vidal Escudero: “Crianza con apego porque sí

Beatriz Gimeno: “Construyendo un discurso antimaternal” y “Estoy en contra de la lactancia materna

9 pensamientos en “El ecofeminismo (II): ¿la “crianza con apego” es compatible con el feminismo?

  1. elías

    Al ecofeminismo, y al feminismo en general, y lo digo sin ironía y sin malicia alguna, le ocurre lo mismo que al resto de la sociedad. Y eso que le ocurre al resto de la sociedad se llama desorientación. Es que a veces da la sensación de que existen tantos feminismos como feministas. A veces da la sensación de que de lo que se trata es de saber quién propone la mayor novedad aunque se trate de una idea contradictoria. Es decir, volvemos a la naturaleza pero todos criamos a los hijos sin importar fórmula alguna. No sé, primero habrá que mirar en la naturaleza, y entre los mamíferos, para ver cuáles son las conducta de estos antes de proponer una vuelta a la naturaleza que no se corresponda con la realidad.

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  2. tasia1987 Autor de la entrada

    El feminismo de la igualdad propondrá soluciones como dejar a los niños en guarderías o con niñeras, y evitará por todos los medios que las bajas por maternidad penalicen a la mujer. Además, el feminismo de la igualdad de corte socialdemócrata defenderá la existencia de guarderías gratuitas.
    El ecofeminismo, por su parte, propone que la sociedad se vuelva menos individualista y que la crianza sea una tarea de la comunidad; de modo que las niñas y los niños cuenten con una tribu de personas y su cuidado no recaiga sobre una sola persona (o dos). Por tanto, propone creación de redes relacionales orientadas a hacer de la crianza algo compartido (por ejemplo, grupos de madres solteras que se organizan juntas para compartir el cuidado; o distintos modelos de familia con múltiples padres y madres de un mismo niño o niña).
    El ecofeminismo considera que la crianza no es una carga, sino una actividad gozosa; y que los niños no son una condena para sus padres, sino una responsabilidad comunitaria. Por tanto, defiende que los espacios de trabajo y también los de ocio, tienen que estar completamente abiertos a la infancia. La infancia no debe estar apartada en la esfera privada, sino formar parte natural de la esfera pública.
    Desde este prisma la postura de Bescansa adquiere sentido. El Congreso debe dejar de lado unos formalismos propios de la forma de vida “masculina” y abrirse a la politización de la vida doméstica (“lo personal es político”).

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  3. nomecreocasinada

    Gracias, però eso en concretocómo se organiza. Bescansa selleva elniño al Parlamento? Arrastramos a que un bebè haga lavida deun adulto para noperder nuestra vidal laboral? Esto es lo que no acabo de ver cómo sepropone organizarlo.Lo siento,meinteresa el temapq creo que lasmujeres padecemosun problema de identidad, Gracias por vuestras reflexiones

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  4. tasia1987 Autor de la entrada

    Gracias por tu comentario. El enlace no va pero pinchando en tu nombre se accede al blog de filosofía, que tiene muy buena pinta.

    Seguramente yo no he expuesto el asunto con la suficiente claridad. El ecofeminismo plantea una noción de igualdad distinta a la de “igualdad para el mercado” o “igualdad para el ejercicio del poder”. La igualdad que propone el ecofeminismo es aquella en la que hombres y mujeres comparten y disfrutan aquellas tareas que son positivas para otro modelo de sociedad: uno que respete el medio ambiente, y que se base en la solidaridad y el afecto. En este sentido, el ecofeminismo considera que “lo femenino” (construido, entre otras cosas, sobre particularidades derivadas de la maternidad biológica), constituye una fuente de vanguardia con relación a ese mundo distinto que se desea alcanzar. La experiencia maternal puede ejemplificar un modelo relacional alternativo a la filosofía del interés propio capitalista. El amor y los cuidados a otros seres, lejos de ser un freno al éxito personal, serían las bases sobre las que asentar nuevas formas de economía.

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  5. nomecreocasinada

    No acabo de ver claro que se defina una postura en relación a cómo hacer compatible esa “crianza con apego” ,que no es por cierto ninguna invención ecofeminista,,con lalucha por la igualdad. Al menos no he sabido ver ninguna nueva aportación,excepto el fragmento de Beatriz Gimeno que es la otra opción evidente:no ser madre. Por si sirve: https://wordpress.com/post/nomecreocasinada.wordpress.com/2654
    https://wordpress.com/post/nomecreocasinada.wordpress.com/2718

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